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miércoles, 18 de abril de 2012

LA CRIATURA


¿Nunca os han contado historias sobre criaturas gigantes y casi invencibles que destruyen las ciudades?, la mayoría solo son historias, pero yo comprobé que como mínimo una es cierta.
Mi madre murió cuando yo era pequeña, y mi padre era un científico bastante conocido. Solo conocía una vida, la de los experimentos y los cálculos.
Solía ayudar a mi padre en trabajos sencillos, no me importaba pasarme días encerrada en un laboratorio, me encantaba todo aquello.
Cuando yo tenia diecinueve años a mi padre lo destinaron, por primera vez, a una misión de campo, en principio era algo muy sencillo, solo tenían que capturar un espécimen que había escapado y podía dañar gravemente el ecosistema.
Me ofrecí a ir con el grupo, no me apetecía nada tener que quedarme sola en el laboratorio, así que preparé mi equipaje.
Nos dirigimos a las afueras de la ciudad, donde comenzaba el monte.
El primer día estuvimos buscando algún indicio sobre por donde se podía haber movido el pequeño animal. Poco antes de acampar, uno de los cinco científicos que nos acompañaban a mi padre y a mí, encontró unas pequeñas huellas que identificaban que el animal en cuestión había estado allí.
Poco después comenzó a oscurecer y comenzamos a montar dos grandes carpas, en una dormirían los cinco científicos que nos acompañaban y en la otra mi padre y yo junto con todo el material de investigación.
En mitad de la noche me desperté a causa de una terrible pesadilla, intente dormirme de nuevo, pero me fue imposible. Me entretuve mirando entre los papeles de la investigación, encontré fotos del animal que buscábamos, era pequeño, tan pequeño que cabía en la palma de la mano, era de color gris oscuro, tenia ojos saltones y de color amarillo que le permitían ver en la oscuridad, patas cortas y robustas, una larga cola terminada en punta, no tenia orejas y su piel era tan dura como el acero, estaba recubierto de pelo, su tacto parecía suave, tenia unas pequeñas garras retráctiles y unos dientes afilados y puntiagudos a pesar de que en el informe destacaba que su dieta era completamente herbívora, lo más interesante era que la criatura era tanto macho como hembra y no necesitaba ningún otro espécimen para reproducirse.
Cuando acabé de leer todo sobre aquel espécimen me dí cuenta de que ya había amanecido, lo dejé todo en el orden en el que estaba y salí fuera de la carpa a tomar un poco de aire fresco.
Me senté sobre una roca mientras los demás terminaban de despertarse.
En esos momentos yo recuerdo que me sentía muy feliz, aunque estuviéramos trabajando me sentía libre. Era la primera vez que acampaba y pasaba una noche fuera de casa.
Después de desayunar seguíamos buscando por donde había estado el espécimen, encontramos un pequeño rastro y lo seguimos. Para abarcar más terreno decidimos separarnos, había indicios de que el animal posiblemente vivía en esa zona y teníamos que registrarla a fondo.
Yo comencé buscando algún rastro por la maleza y sin darme cuenta acabé rodeada de arboles y espesa vegetación, iba ha retroceder sobre mis pasos cuando vi huellas claramente marcadas en la tierra. Las seguí, apartando la vegetación. Parecían no acabar nunca, por fin di con una pequeña madriguera, me quedé observando pero parecía no haber nada en su interior, enfoqué al agujero con una pequeña linterna que llevaba conmigo y enseguida vi como dos puntos brillantes parpadeaban en el interior, me alejé muy despacio y apagué la linterna, aguardé unos instantes y vi como lentamente salia de la madriguera el animal que estábamos buscando.
Se suponía que la criatura no era peligrosa, así que cogí un poco de hierba de mi alrededor y extendí la mano conociéndosela.
El animal, que ya no era tan pequeño, se acercó lentamente hacia mí, y un poco desconfiado cogió la hierva con una de sus patas llevándosela a la boca, luego se acercó más a mí, y pude acariciarle la cabeza, tenia un tacto tan suave como el de la seda y emitía un ruido parecido al de los gatos al ronronear.
La criatura parecía contenta, se puso a dar vueltas a mi alrededor moviendo su larga cola de un lado a otro tal cual como un cachorro de perro. Vi que no era para nada peligrosa, cogí algo más de hierba y se la di, lo acaricié un poco más y el mismo se acurrucó en mis brazos. Decidí llevarlo en brazos ya que lo veía tan relajado y tranquilo, aunque no me cabía duda de que si lo hubiese depositado en el suelo me habría seguido.
Tuve que andar un buen trecho hasta llegar al campamento, por el camino temí haberme perdido, pero sentí un gran alivio cuando vi a mi padre junto con otro de los científicos.
Se asombraron mucho al verme llegar con el espécimen acurrucado en mis brazos, se acercaron y mi padre intento cogerlo, pero el animal enroscó su cola en torno a mi muñeca y se aferró de mi jersey sin querer soltarse.
Decidieron dejarlo a mi cuidado, ya era tarde y pasaríamos esa noche en las carpas, y por la mañana lo devolveríamos a los científicos responsables de él.
Todos se durmieron menos yo, que me quede jugando con el animal sin poder conciliar el sueño. Cuando el espécimen se durmió sobre mi saco de dormir yo eché un vistazo a los archivos que había visto el día anterior, y compare una foto en la que salia el animal en la palma de la mano de un científico, con el que ahora dormía plácidamente, no cabía duda de que era él pero ya no era tan pequeño, debía de pesar aproximadamente unos seis o siete kilos y tenia el tamaño de un gato.
Entre los papeles me fijé en una carpeta negra que no había visto el día anterior, la abrí y comencé a leer unas hojas en las que ponía, que el ser en cuestión se había conseguido mutando barias cadenas de A.D.N. de distintos animales, pero que por algún motivo era muy inestable y por lo tanto debían de diseccionarlo para acabar con los errores que ahora poseía.
Me quedé sin saber como reaccionar, por lo que ponía en esas hojas el animal no afectaba en absoluto, que era lo que nos habían dicho, tampoco mencionaba exactamente que inestabilidades poseía.
En ese momento no pensé en las consecuencias de mis actos, tan solo quería salvar la vida de un animal cariñoso e inofensivo.
Cogí unas cuantas provisiones que metí en mi mochila, el animal y mi saco de dormir, salí silenciosamente de la carpa mientras todos dormían, y caminé hasta lo más profundo y boscoso de la montaña, el animal se acurruco en mis brazos y siguió durmiendo.
Caminé unas dos horas hasta llegar a un lugar que me parecía propicio para descansar un poco, preparé el saco y me introducí junto con mi nuevo compañero de viaje que seguía emitiendo aquel ruido tan tranquilizador. Me quede pensando en que no tardarían mucho en encontrarme, en que yo era una chica de ciudad que no estaba preparada para sobrevivir, ni siquiera unos pocos días en la montaña, aunque lo que más me preocupaba era que pudiesen hacerle daño a aquel animal. Al final cansada de tanto caminar y con dolor de cabeza, mis ojos se cerraron y me rendí al sueño.
Cuatro horas después el animal me despertó lamiéndome la mano. Comencé a oír la voz de mi padre y de algunos científicos.
Me levanté y lo recogí todo corriendo, pero cuando lo tuve todo liso ya era demasiado tarde, habían dado conmigo.
Mi padre estaba indignado por mi comportamiento y me lo reprochaba, iba a contestar en mi defensa, pero algo que cambiaría mi vida y la de toda la ciudad sucedió.
Uno de los científicos había intentado coger al animal y este asustado clavó sus afilados dientes en el brazo del pobre chico desgarrándole la piel, la sangre se deslizó hacia el interior de la boca del espécimen, y este reacciono con unas fuertes convulsiones, echaba espuma y sangre por la boca y sus ojos estaban abiertos totalmente, pero su color ya no era amarillo si no que sus ojos se habían vuelto por completo de color negro.
Cuando las convulsiones remitieron se puso a cuatro patas, encobrando la espalda y agachando la cabeza, todos nos echamos hacia atrás alejándonos de él.
La criatura empezó a mutar, su piel comenzó a resquebrajarse, en la espalda justo sobre su columna vertebral empezaron a asomarse unas finas y robustas púas, que poco después llegaron a medir unos cuarenta centímetros, habían aumentado en tamaño sus fuertes patas traseras, eran tres veces mayores que antes, en su cola también habían surgido púas, pero estas eran mucho más diminutas, en su piel se notaban unas profundas grietas que sangraban, debido a su repentino crecimiento, sus garras y sus dientes habían crecido tan exageradamente hasta el punto de ser tan desmesurados que la bestia siquiera podía cerrar la boca y las babas le resbalaban de entre los dientes.
Yo me quedé petrificada, ese monstruo para nada era el animal que yo había conocido.
Vi que los científicos cogían las armas cargadas con sedantes y disparaban a aquella cosa que seguía retorciéndose en el suelo. Muchos de los sedantes rebotaban en la piel del monstruo cayendo al suelo, pero algunos consiguieron clavarse en las recientes grietas de la piel, parecía ser que ese tejido era mucho menos grueso y resistente. Él agitaba su cola y abría la mandíbula emitiendo un gruñido espeluznante.
Sin que nadie lo esperase echó a correr tras uno de los científicos que le había disparado, pegó un tremendo salto cayendo sobre él, y de un solo bocado arrancó la cabeza del pobre hombre. Todos huyeron dispersándose, mi padre me agarró el brazo y tiró de mí guiándome junto con otro científico a uno de los coches. Salimos a toda velocidad y a los pocos minutos estábamos en la carretera de camino a la ciudad. No tardamos mucho en llegar a el laboratorio, desde allí contactamos con las personas responsables de aquella criatura.
Poco después unos cuantos de los responsables se presentaron en nuestro laboratorio, nos explicaron que ese no era el primer espécimen que creaban, todos los anteriores habían sido destruidos por el mismo motivo, cuando ingerían sangre comenzaban a mutar y se descontrolaban, cuanta más sangre y carne ingerían su tamaño aumentaba, aunque era en la primera vez cuando su mutación era totalmente notable. Nos encomendaron la misión de capturarlo porque eramos la base más cercana y el sujeto aun no era peligroso.
Después de un largo debate nos pidieron que les ayudásemos. Mi padre sabia que ellos solos no podrían, y el era uno de los pocos que había pertenecido al ejercito y tenia contactos muy importantes.
Con solo unas pocas llamadas varios capitanes con sus soldados se habían presentado en el laboratorio, apenas cabíamos todos.
Nadie quería que llegase a saberse sobre la existencia de tales experimentos y resultados.
Les facilitaron armas a todos, yo, según mi padre, era demasiado joven para arriesgarme así que debería quedarme en el laboratorio.
Yo estaba en duda, por una parte no quería arriesgarme después de ver como ese monstruo era capaz de destrozar con sus dientes a una persona en menos de un segundo, pero por otra parte sabia que mi padre y muchos otros soldados iban a arriesgar sus vidas para proteger la ciudad de aquel horroroso bicho.
Cuando terminaron de dar las instrucciones, todos se pusieron en marcha y yo me quedé sola en el laboratorio. Intenté tranquilizarme pero era imposible, no paraba de pensar en todo lo que había sucedido.
Pasaron tres horas y ni siquiera podía estar sentada, lo nervios me acosaban, andaba de un lado a otro de el laboratorio, me asomaba a cada una de sus ventanas, pero no había rastro de los soldados. Todo estaba en calma, me dije a mi misma que todo iría bien, que lo estaban buscando y cuando lo encontraran lo abatirían sin esfuerzo, por desgracia no era así.
Comencé a oír disparos, aun estaban a una distancia considerable, empecé a asustarme, busqué el pequeño revolver que guardaba mi padre en uno de los cajones de su escritorio y lo cogí. Me dirigí a la entrada y abrí la puerta unos centímetros para intentar ver algo, pero los disparos seguían siendo demasiado lejos. Estuve esperando hasta que el sonido parecía más cercano, volví a asomarme y vi unos cuantos soldados corriendo y otros tantos huyendo en los jeep, muchos estaban heridos y sangrando.
Poco después vi aparecer a la enorme criatura, superaba el tamaño de un elefante adulto, había soldados que le seguían disparando, pero las armas no le hacían nada.
Entre toda la gente intentaba divisar a mi padre pero no había rastro de el.
El monstruo cada vez se aproximaba más a el laboratorio y la ciudad.
El cielo comenzó a llenarse de helicópteros, algunos eran de los canales de comunicación más importantes y otros del ejercito. Empezaron a llegar tanques que avanzaban hacia la criatura. El estruendo cada vez era mayor. Se oían disparos por todas partes y el constante ruido de las enlices de los helicópteros.
Decidí salir del lugar y huir hacia la ciudad, los militares estaban tomando toda la zona.
Salí con una de las manos metidas en el bolsillo de la chaqueta y aferrando el arma. Corrí tan deprisa como pude, uno de los enormes tanques pasó por mi lado, eché la vista atrás y vi como el monstruo avanzaba rápidamente. Seguí en dirección a la ciudad pero me tope con una hilera de tanques que me cortaba el paso, uno de los soldados que andaba por allí me dijo que era peligroso estar por aquel lugar, le intenté decir que me dirigía a la ciudad, pero antes de que me diese cuenta entre dos soldados me habían metido en uno de los tanques para ponerme a salvo, aunque esa fue una de las peores cosas que se les podía ocurrir hacer. Ellos pensaban que con los primeros tanques enviados bastaría para derribar una criatura que media poco más que dos elefantes, pero se equivocaron, su crecimiento era constante y rápido y su piel era tan sumamente dura que el fuego de los tanques apenas le hacia daño.
Ellos eran el apoyo, pero cuando les llegaron las ordenes de atacar, no me quedó mas remedio que ir con ellos ya que no podía salir.
Empezó el fuego, todo era un caos, me dolía la cabeza, todo ese ruido me estaba dejando sorda. Había disparos y explosiones por todas partes, se oía a los soldados gritar, los gruñidos de la bestia...
el tanque en el que yo iba empezó a disparar, yo estaba asustada y me aferraba a lo que podía para mantener el equilibrio, no sabia porque el tanque se balanceaba, y en un instante el monstruo clavó sus largas garras en uno de los laterales del vehículo, contemple con horror como una de sus garras atravesaba el pecho de un soldado que estaba frente a mí, su sangre salpicó mi cara, y al segundo siguiente el tanque volcó, me golpeé con algo en la cabeza y perdí el conocimiento durante unos pocos minutos. Cuando me recuperé tenia sobre mí el cadáver del hombre que había sido atravesado por una enorme y afilada garra, había sangre por todas partes, otro de los soldados tenia la cabeza destrozada, vi que uno de ellos estaba tendido boca arriba, respiraba muy débilmente, sus ojos estaban entornados y su boca llena de sangre, horrorizada me quité el pesado cadáver de encima y salí del tanque. Noté un fuerte dolor en la cabeza y me la palpé, tenia una brecha que no paraba de sangrar, miré a mi alrededor, todo estaba destruido, varios vehículos ardían y había cientos de cadáveres de los soldados, imaginé que la guerra debía de ser algo así.
Seguí el rastro de destrucción del monstruo con la mirada, se dirigía a la ciudad, no habían sido capaces de abatirlo.
Caminé en dirección a la ciudad, vi varios vehículos que parecían intactos pero ninguno llevaba las llaves puestas, continué caminando mientras intentaba encontrar alguno que me pudiese ser útil, y me fijé en un jeep que estaba en marcha, el conductor estaba muerto, un agujero perforaba su pecho junto con el asiento en el que estaba sentado, y había perdido medio rostro. Me acerque y tire del cadáver hasta que conseguí sacarlo del coche.
Me subí y me dirigí a la ciudad, tenia que ir sorteando vehículos, tanques y multitud de cadáveres.
Cuando estuve lo bastante cerca pude ver al monstruo y aun así apenas podía creer que hubiese crecido tanto. Media ente quince y veinte metros, su cola se movía de un lado a otro arrasando todo lo que se encontraba a su paso, salí del vehículo y me quede estupefacta, quieta, sin saber que hacer. Solo podía mirar a la enorme criatura y pensar que mi padre había muerto.
El monstruo desapareció de mi vista, entonces fue cuando reaccione, volví a subir al coche, y comencé a rodear la ciudad para salir al paso de la bestia.
Estaba temblando, un poco por el miedo, un poco porque tanto mi ropa como el asiento del coche estaban empapados de sangre, sentía nauseas.
Jamas en mi vida había visto, y mucho menos estado cubierta de sangre.
Calculé como de rápido avanzaba la criatura y me dirigí a una de las calles principales de la ciudad. Hasta ahora el monstruo había avanzado en linea recta, supuse que no se desviaría. Y así fue, nada mas bajar del coche vi como esa gran criatura avanzaba hacia mí, cogí una de las armas del asiento trasero. Creo que era un fusil o algo similar, era ligero y automático.
El monstruo seguía barriendo con su cola todo cuanto encontraba a su paso, los tanques no servían de nada contra su dura piel.
Me quede mirándolo intentando encontrar algún punto débil, y encontré lo que buscaba, sus ojos, ese era un buen punto donde atacar, si conseguía acercarme lo suficiente y alabarle algo hasta llegar al cerebro podría matarlo, aunque aun no tenia ni idea de como conseguirlo.
El monstruo se estaba acercando y para atraer su atención hacia mí grite algo, no recuerdo el que, estaba muerta de miedo, para mi sorpresa él pareció escucharme. Se quedó inmóvil durante unos momentos y dirigió su mirada hacia donde me encontraba yo, cuando nuestros ojos se cruzaron fue como si todo se detuviese, solo existíamos él y yo, seguíamos mirándonos fijamente, avancé hacia él y él comenzó a avanzar hacia mí. Fue la peor experiencia de mi vida, jamas había pasado tanto miedo.
Aquella criatura enorme estaba frente a mí, agachó su cabeza hasta la altura de la mía, sus inmensos ojos totalmente negros seguían mirándome, su aliento chocaba contra mi cara, el hedor que desprendía era algo insoportable, sus babas cayeron desde entre sus enormes dientes hasta el suelo empapando mis botas, pero nada de eso me importó, ambos estábamos sumidos en nuestras miradas, seguramente los soldados seguían gritando, disparando, intentando acabar con la criatura, pero ninguno de los dos prestaba atención a eso, yo levanté mi mano y le acaricié la cabeza, su piel era igual de dura que cuando lo toqué por primera vez, su pelo estaba pegajoso, cubierto de sangre, por ultima vez pude oír aquella especie de ruido, similar a un ronroneo de gato, que salia de su garganta, aquello me tranquilizó, todo el miedo se había esfumado de mi cuerpo. Solo deseaba que todo hubiese sido una horrible pesadilla. Sabia que no era así.
Seguí acariciándole, y casi con un susurro le pedí perdón. Creo que me comprendió y por un instante creí ver como sus ojos se tornaban acuosos , aunque no conseguí ver ninguna lagrima.
Seguí escuchando aquel ronroneo que me apaciguaba y mientras le acariciaba levanté el fusil y le apunte en el ojo izquierdo, acerqué mis labios a su cabeza y lo besé mientras hundí firmemente el arma en su ojo.
Él rugió de dolor y yo empece a llorar sin ni siquiera saberlo. Mis labios siegan pegados a su piel y el arma hundiéndose cada vez más.
Comenzó a agitar su enorme cola destrozando las fachadas de ambos lados de la calle, mi dedo apretó el gatillo y el fusil comenzó a disparar. Él se quedó quieto y gruñendo, empezó a tambalearse, yo retrocedí rápidamente y observe como caía hacia un lado, su cola seguía moviéndose y yo miraba como su cuerpo sufría los espasmos de la muerte. En un rápido movimiento la cola se dirigió hacia mi rostro y con su afilada punta y los puás que le habían surgido desgarro mi ojo derecho y parte de mi mejilla, sentí un profundo dolor pero solo llevé mi mano hacia la herida cubriéndola y apretándola, seguí contemplando como sus movimientos se apagaban lentamente, hasta que su vida se extinguió, me arrodillé junto a él y me desmayé.
Cuando desperté había pasado casi un día, estaba sola en la habitación de un hospital militar, me dolían las heridas del rostro, después de aquello mi vida cambió por completo, había perdido a mi padre, y me costaría superarlo. Ahora estaba sola.
Pocos días después de recibir el alta, gracias a las influencias que había tenido mi padre y las que yo ahora tenia por haber derribado a la criatura conseguí acceder a su enorme cadáver, sin que nadie se percatase sustraje una muestra de su A.D.N. y me encerré en mi laboratorio...
Allí donde otros fracasaron, yo triunfaré...  

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