Era una noche de sábado como otra cualquiera, salia del centro comercial y me disponía a marcharme a casa como de costumbre... pero esa noche fue distinta.
Al pasar por un callejón distinguí aduras penas la silueta de un hombre y por un instante nuestros ojos se cruzaron.
El caminaba tranquilamente hacia mí, y yo, sin poder moverme, seguí mirando sus ojos. Brillaban de extraña manera.
Una vez estuvo frente a mí, y sin dejar de mirarnos, me agarró de las caderas, me atrajo asta él y entonces acariciando su mejilla contra la mía me dijo en un susurro: -Por fin te he encontrado.
Yo notaba su aliento cálido y su respiración agitada en mi cuello y no era capaz de huir, solo deseaba que ese momento fuese eterno.
Aquel desconocido comenzó a deslizar sus frías y ásperas manos por debajo de mi camiseta, acariciando con las yemas de los dedos mi espalda. Mientras sus labios carnosos se deslizaban por mi cuello.
Mi sexo comenzaba a empaparse mojando el tanga que llevaba y un pequeño gemido se me escapó cuando él desabrochó mi sujetador.
Yo intentaba resistirme, pero era incapaz. Aquel hombre al que no conocía de nada había conseguido hechizarme.
Empecé a desabrocharle la fina camisa que llevaba, él me quitó la camiseta y dejó caer el sujetador.
Su boca empezaba a recorrer mi cuello asta llegar a los pechos, con una mano acariciaba mi vientre y con la otra me sujetaba por la espalda mientras su lengua recorría mis pezones y sus labios los apretaban.
Los gemidos seguían brotando de mi garganta y entonces él deslizó su mano bajo la falda negra apartando el tanga y acariciándome el clítoris empapado. Muy suavemente comenzó a introducir uno de sus dedos mientras me besaba y su lengua jugaba con la mía.
De pronto sacó su mano de mi sexo, me quitó la falda y el tanga de un solo tirón y metió sus dedos empapados en mi boca mientras desabrochaba y dejaba caer su pantalón.
Su miembro estaba completamente erecto y yo no podía dejar de mirarlo en la tenue luz que nos rodeaba.
Él agarró mis nalgas y me levantó asta colocarme a la altura de su cintura. Yo le rodee las caderas con mis piernas mientras lo besaba y sentía como su miembro acariciaba los labios de mi sexo. Él comenzó a moverme suavemente introduciendo su pene en mí. Sentí que un dolor me recorría todo el vientre y solté un fuerte gemido que él acalló basándome mientras seguía introduciendomelo.
Cada empujón era más fuerte que el anterior, el dolor y el placer recorrían todo mi cuerpo, sentía como me penetraba, como me empujaba, cuando salia y entraba en mí. Notaba como mis fluidos nos empapaban a ambos, su aliento cálido en mi mejilla y mis uñas clavándose en su espalda.
Aprecian unos momentos interminables y así deseaba que fueran.
Él acabó corriéndose en mi interior, sentía como su semen me recorría y llenaba, como resbalaba por mis labios y mis muslos.
Él me miro a los ojos y yo le respondí. Lo que vi fueron unos ojos de animal, ojos de bestia salvaje.
Después de eso él desapareció, desde ese día sigo buscándolo y ansiando sentir de nuevo aquel placer inolvidable...

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