Hoy en día me encuentro en una habitación aislada de un hospital psiquiátrico, todos creen que estoy loco y no han querido escucharme, por eso antes de suicidio que tengo planeado quiero dejar escrita mi historia, por la cual hoy me encuentro en este horrendo sitio.
No se por que me tubo que pasar a mí, ni que eran aquellas “cosas”, solo se que no miento.
Todo comenzó tres años atrás, recuerdo ese maldito día como si fuese hoy.
Estaba con mis amigos en un bar tomando algunas copas y jugando al billar, como siempre hacíamos. Uno de ellos estaba obsesionado con la magia y las cosas paranormales, así que siempre que quedábamos solía sacar el tema.
Ese día habíamos bebido algo de más y ya cansados del billar nos retiramos a una mesa.
Nuestro “obsesionado” amigo nos empezó a contar un relato sobre su fallecido abuelo, que al parecer había sido asesinado por seres del más allá. Nosotros lo escuchábamos, aunque en el fondo creo que ninguno de los tres que estábamos allí creía ni una sola palabra.
Según nos contó, su abuelo hizo algo para llamar a los seres del más allá, y estos le otorgaron poderes... y después me llaman a mi loco, o al menos eso pensé en aquel momento.
Cuando los cuatro salimos del bar nos dirigimos a casa de nuestro chiflado amigo que nos pidió que probásemos a hacer aquel hechizo. Nosotros nos negamos en un principio pero con un par de cervezas más acabamos aceptando.
Él colocó una especie de alfombra o manta de color morada con símbolos en negro sobre el suelo del salón, y en el centro un cuenco que parecía muy antiguo y desgastado.
Nos sentamos sobre la alfombra mirando hacia el cuenco de barro, su tacto era suave y cálido, nuestro amigo repartió una vela de color negro y bastante gruesa para cada uno que colocamos frente a nosotros y con una cerilla las prendimos al mismo tiempo, después todos nos quedamos en silencio y él recito un extraño verso en un idioma, que por lo menos yo no conseguía reconocer.
Yo pensé que no pasaría nada y después cada uno se marcharía a su casa, pero por desgracia no fue así.
El viento comenzó a golpear contra los cristales, las luces del salón empezaron a parpadear y el cuenco se balanceaba cada vez más deprisa.
Nos mirábamos unos a otros sin poder creer todo lo que estaba sucediendo, aquello escapaba a nuestro entendimiento. De pronto una especie de espeso liquido de un color negro comenzó a salir del cuenco que teníamos frente a nosotros y cuatro gotas salieron disparadas en nuestra dirección, después todo oscureció y solo recuerdo que nos despertamos al día siguiente, todo el salón estaba destrozado había cristales esparcidos por el suelo, pero nosotros no teníamos ni un rasguño, las velas estaban totalmente consumidas sobre la tela morada y lo único que faltaba era aquel cuenco de barro.
Nadie quiso hablar más sobre el extraño suceso y mucho menos sobre una extraña mancha que nos había marcado la palma de nuestra mano derecha.
Los siguientes días transcurrieron con normalidad, aunque cada noche al tumbarme en la cama me quedaba mirando fijamente la mancha que tenia en la palma de mi mano intentando encontrar alguna respuesta coherente de lo que había pasado ese día.
Cuando transcurrió poco más de una semana yo ya me había olvidado por completo de la extraña mancha y mi vida había vuelto a su curso normal, asta que un día, de madrugada me despertó el teléfono, sobresaltado lo descolgué y contesté, pero lo único que se oía al otro lado eran unos balbuceos incomprensibles, al principio pensé que era alguna broma y estuve apunto de colgar, pero entonces el suelo comenzó a temblar levemente, como si se estuviese desencadenando un terremoto. El auricular del teléfono se me resbalo de la mano y cayó al suelo produciendo un ruido que retumbó en toda la habitación, los balbuceos comenzaban a irse mucho más, pero esta vez ya no provenían del teléfono, si no de todas partes de la estancia.
Mis ojos se fijaron por casualidad en una sombra que se movía de un lado a otro, mientras mi mente intentaba encontrar algún sentido lógico a todo cuanto estaba sucediendo.
Estaba cada vez más nervioso y atemorizado, mis ojos iban de un lugar a otro siguiendo a la extraña sombra, cuando un cuervo se chocó contra la cristalera del balcón, giré la cabeza rápidamente y me quedé mirando al pájaro que estaba tumbado boca arriba moviendo las patas y alas y un fino hilo de sangre que bajaba lentamente por el cristal desde donde el pájaro había impactado. Cuando volví a mirar en el interior de la habitación, busqué la sombra pero ya no estaba. No pude dormir en todo el resto de la noche y reconozco que me daba un miedo espantoso el tener que levantarme de la cama.
A la mañana siguiente decidí ir a casa de mi amigo, el de las cosas paranormales, quizá el podría explicarme algo.
Cuando me abrió la puerta note que algo extraño le sucedía, estaba despeinado, su rostro era tan pálido que temí que en cualquier momento se desmayara y su forma de andar era vaga y encorvada.
Ambos nos sentamos en el sofá, yo le que me había sucedido esa noche pero el ni me miro ni respondió. Su mirada estaba perdida en algún punto de la pared, si boca entre abierta y sus labios secos, ni siquiera movía ni un solo musculo de su cuerpo, parecía una mera marioneta sin vida, un cadáver con respiración artificial. En ese momento me asuste de mis propios pensamientos, empecé a creer que le pasaba algo, y para nada estaba equivocado.
Toqué su hombro suavemente y al levantar mi mano, la carne que había estado en contacto con las yemas de mis dedos se había desprendido quedando adherida a mí. La sangre empezó a brotar de la espantosa herida, limpié mis dedos en el sofá y me levanté de un salto, miré horrorizado a mi amigo, sus ojos miraban mi rostro sin vida alguna, levantó lentamente su brazo derecho intentando agarrar mi muñeca, yo me aparté instintivamente hacia atrás, su mano seguía moviéndose tanteando el aire y vi que donde días antes estaba la mancha negra había un profundo agujero negro que derramaba sangre coagulada. Me quedé atónito, él empezó a levantarse del sofá, cuando se puso en pie no pude evitar soltar un grito de puro horror toda la carne que había estado en contacto con la tela del sofá estaba impregnada en él, gran cantidad de sangre medio coagulada caía al suelo siguiendo los lentos pasos de mi amigo. Él gemía de dolor, era un gemido casi imperceptible, caminaba hacia mí y o estaba paralizado por el miedo, quería huir pero mi cuerpo no respondía.
Toqué su hombro suavemente y al levantar mi mano, la carne que había estado en contacto con las yemas de mis dedos se había desprendido quedando adherida a mí. La sangre empezó a brotar de la espantosa herida, limpié mis dedos en el sofá y me levanté de un salto, miré horrorizado a mi amigo, sus ojos miraban mi rostro sin vida alguna, levantó lentamente su brazo derecho intentando agarrar mi muñeca, yo me aparté instintivamente hacia atrás, su mano seguía moviéndose tanteando el aire y vi que donde días antes estaba la mancha negra había un profundo agujero negro que derramaba sangre coagulada. Me quedé atónito, él empezó a levantarse del sofá, cuando se puso en pie no pude evitar soltar un grito de puro horror toda la carne que había estado en contacto con la tela del sofá estaba impregnada en él, gran cantidad de sangre medio coagulada caía al suelo siguiendo los lentos pasos de mi amigo. Él gemía de dolor, era un gemido casi imperceptible, caminaba hacia mí y o estaba paralizado por el miedo, quería huir pero mi cuerpo no respondía.
Cada vez estábamos más cerca el uno del otro, su mano extendida cogió con una fuerza descomunal mi brazo, en ese momento mi cuerpo reaccionó, lo cogí por la muñeca y estire para que me soltara, con horror vi que su mano se había desprendido de su brazo y seguía agarrada a mí, volví a gritar y cogiendo la mano cercenada la tire lejos de mí. Corrí hacia la entrada e intente abrir la puerta pero estaba atrancada, ni colega, o lo que quedaba de él me estaba acorralando, tenia que actuar rápido, me dirigí corriendo a la cocina, registre los cajones en busca de algún cuchillo lo suficientemente grande como para poder defenderme, conseguí encontrar lo que buscaba.
El monstruo que en un tiempo había sido mi amigo estaba entrando por la puerta de la cocina, ya no le quedaba piel alguna, podía contemplar todos los músculos moviéndose a cada movimiento que realizaba, sus ojos sin parpados me miraban fijamente. Me entraban nauseas de tan horroroso espectáculo.
Agarré bien fuerte el afilado y puntiagudo cuchillo y le advertí a pleno grito que no se acercara, pero él siguió avanzando, cogí unos cubiertos que quedaban a mi alcance y se los arrojé, la mayoría de estos quedaron incrustados en la carne y esa cosa seguía avanzando hacia mí.
Empecé a mover el cuchillo en el aire y la afilada punta rasgo los músculos de la mano que aun le quedaba y tenia extendida hacia mí.
No quería acercarme más a él, me daba un tremendo asco, y mucho menos quería que me volviese a tocar, pero si no me acercaba y acababa con ese monstruo, no podría escapar.
Me armé de valor y avancé rápidamente hasta él, le incruste el gran cuchillo, hundiéndolo asta el mango en el pecho, su sangre salpico toda mi camisa y mi cara, pero de nada sirvió él seguía moviéndose, le asesté más puñaladas utilizando toda mi fuerza mientras él me agarraba el cuello con su viscosa mano, levanté el cuchillo y se lo clavé con las ultimas fuerzas que me quedaban en el cráneo, pero su mano seguía apretando mi cuello y empezaba a dejarme sin respiración, de súbito su fuerza desapareció y el cuerpo de aquella criatura cayó al suelo.
Yo estaba temblando, me costaba creer lo que estaba pasándome, hoy en día aun me cuesta creerlo.
Me senté mareado en el suelo, apoyé la cabeza contra la pared y cerré los ojos por un segundo, cuando los volví a abrir todo había cambiado. El que estaba tendido y apuñalado en el suelo de la cocina, no era ese monstruo sin piel, era mi amigo, su sangre aun brotaba de las heridas.
Me levanté de un salto y lo observé, también había recuperado la mano cercenada. Lo toqué, comenzaba a estar frío, miré a mi alrededor, todo estaba cubierto de sangre, sin pararme a pensar y muy asustado salí corriendo,era de noche y la poca gente que se cruzaba en mi camino se apartaba horrorizada y me seguía con la mirada.
Cuando llegué a mi cada y cerré la puerta tras de mí me derrumbe de rodillas en el suelo y lloré asta que mis lagrimas se agotaron.
Pasadas unas horas pude recuperar la compostura y la calma, me senté en el sofá y comencé a pensar, deduje que lo mas conveniente seria llamar a mis otros dos amigos, cogí el teléfono, llame a uno pero no hubo respuesta, llamé al otro, este si contestó pero procure ser cauteloso y le hablé como si nada hubiese ocurrido. Él parecía estar bien, y le propuse quedar en unas horas.
Necesitaba explicarle todo lo que me había ocurrido. Dediqué el resto que me quedaba de noche a quitarme toda la sangre que me cubría y después dormí hasta bien entrada la mañana.
Por la tarde nos reunimos en el bar de siempre tomamos unas cervezas y nos dirigimos a mi casa, allí empecé a contárselo todo, con total detalle, y el me escuchaba atentamente. Al acabar mi relato le mire a la cara intentando descifrar lo que pensaba, él me miraba incrédulo, y en una décima de segundo sus ojos se abrieron completamente, los puños los tenia cerrados con tanta fuerza que las uñas se clavaron en sus palmas haciéndole sangrar. Yo me aparté corriendo, él empezaba a encorvarse, una espuma blanquecina brotaba de su boca y su cuerpo no paraba de temblar.
Cogí la silla que tenia a mi derecha y se la estampé contra la cabeza, haciéndole caer de bruces. No estaba dispuesto a que mi vida corriese riesgos, ni a que ninguna otra de esas criaturas me tocase.
Él seguía moviéndose, y si no actuaba rápido se levantaría y probablemente me atacaría.
Fui corriendo a mi habitación y eché el cerrojo, intenté recordar desesperado donde había guardado mi navaja suiza, revolví todos los cajones asta que di con ella.
La criatura comenzó a golpear la puerta con brutalidad hasta que consiguió echarla abajo. Vi con espanto que el monstruo no se parecía en nada con la que me había enfrentado el día anterior. Esta parecía más rápida y fuerte, tenia unos labios cortados y sangrantes que dejaban ver los dientes terminados en punta, a pesar de tener los ojos de mi amigo ya no se parecía a él en nada, su cuerpo también había cambiando era más ancho y sus brazos más largos, sus manos eran desmesuradamente grandes con dedos acabados en punta y sin uñas.
La criatura se abalanzó sobre mí y haciéndome caer de espaldas, su fétido aliento dio de lleno en mi cara.
Yo aun sostenía la navaja pero apenas podía moverme. Un gran chorretón de babas cayó de su boca dándome de lleno en mi ojo izquierdo. Todo mi cuerpo se estremeció del asco.
Levanté todo cuanto pude mi brazo y clavé la navaja en su hombro, la bestia quitó sus zarpas de mis antebrazos y yo aproveché para apuñalarle el pecho. No recuerdo cuantas veces clavé mi navaja en él, pero si recuerdo que gritaba y jadeaba, su sangre chorreaba sobre mí, asta que dejó de moverse y cayó pesadamente sobre mi pecho. Me lo quité corriendo de encima y me aparté todo cuanto pude de él. Lo miré fijamente por temor a que volviera a moverse o cambiar de nuevo su forma, pero nada ocurrió. No podía parar de pensar, de preguntarme que era exactamente lo que me estaba pasando, cuando a mi mente se asomó la idea de buscar e investigar sobre el difunto abuelo de mi también difunto amigo.
Salí corriendo de la habitación, encendí el ordenador y me puse a buscar cualquier cosa relacionada con el anciano, y lo que encontré me dejó muy confuso... el abuelo de mi amigo no estaba muerto, si no internado en un hospital psiquiátrico, busqué la dirección de aquel lugar. Corrí a eliminar toda la sangre que me cubría y cogí el coche. Fueron dos horas de viaje interminable.
Cuando por fin llegué a aquel sitio y pedí ver al hombre en cuestión, me llevaron ante él.
Le pregunté, le insistí, le conté mi historia, le supliqué, pero él solo me miró. Cuando desistí y me dirigía a la puerta, su voz ronca dijo: “ ese es el poder, ver en realidad las criaturas que somos”. Yo lo mire e intente hablar con el de nuevo pero sus labios no volvieron a moverse. Salí de aquel espantoso lugar y volví a mi casa.
Ya no recordaba que esa horrible bestia seguía en mi dormitorio, pero cuando entre en casa, para mi sorpresa no estaba solo, y no me refiero a la presencia del cadáver de la criatura, que por supuesto había vuelto a la forma de mi amigo, si no varios policías que me arrastraron. Todo me pilló por sorpresa, solo había estado pensando en las criaturas y no se me ocurrió ni por un segundo que los cadáveres de dos de mis amigos me incriminaban a mí.
En el interrogatorio intente explicar la historia pero no sirvió de nada.
Cuando se celebró el juicio volví a insistir en que mi versión era verdad, y lo único que conseguí es que me procesaran como un asesino loco, psicótico y con esquizofrenia.
Desde entonces estoy en esta habitación aislada del resto.
Jamás volví a saber de mi otro amigo, a veces los echo de menos, solo espero que sepa lo que tiene que hacer.
Durante más de dos largos años de mi estancia aquí, no dejé de darle vueltas a las palabras que me dijo aquel viejo y por fin ayer de madrugada averigüé la respuesta.
Ahora la bestia que llevo dentro me ayudará a poner fin a todo esto.












