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miércoles, 18 de abril de 2012

LAS BESTIAS


Hoy en día me encuentro en una habitación aislada de un hospital psiquiátrico, todos creen que estoy loco y no han querido escucharme, por eso antes de suicidio que tengo planeado quiero dejar escrita mi historia, por la cual hoy me encuentro en este horrendo sitio.
No se por que me tubo que pasar a mí, ni que eran aquellas “cosas”, solo se que no miento.
Todo comenzó tres años atrás, recuerdo ese maldito día como si fuese hoy.
Estaba con mis amigos en un bar tomando algunas copas y jugando al billar, como siempre hacíamos. Uno de ellos estaba obsesionado con la magia y las cosas paranormales, así que siempre que quedábamos solía sacar el tema.
Ese día habíamos bebido algo de más y ya cansados del billar nos retiramos a una mesa.
Nuestro “obsesionado” amigo nos empezó a contar un relato sobre su fallecido abuelo, que al parecer había sido asesinado por seres del más allá. Nosotros lo escuchábamos, aunque en el fondo creo que ninguno de los tres que estábamos allí creía ni una sola palabra.
Según nos contó, su abuelo hizo algo para llamar a los seres del más allá, y estos le otorgaron poderes... y después me llaman a mi loco, o al menos eso pensé en aquel momento.
Cuando los cuatro salimos del bar nos dirigimos a casa de nuestro chiflado amigo que nos pidió que probásemos a hacer aquel hechizo. Nosotros nos negamos en un principio pero con un par de cervezas más acabamos aceptando.
Él colocó una especie de alfombra o manta de color morada con símbolos en negro sobre el suelo del salón, y en el centro un cuenco que parecía muy antiguo y desgastado.
Nos sentamos sobre la alfombra mirando hacia el cuenco de barro, su tacto era suave y cálido, nuestro amigo repartió una vela de color negro y bastante gruesa para cada uno que colocamos frente a nosotros y con una cerilla las prendimos al mismo tiempo, después todos nos quedamos en silencio y él recito un extraño verso en un idioma, que por lo menos yo no conseguía reconocer.
Yo pensé que no pasaría nada y después cada uno se marcharía a su casa, pero por desgracia no fue así.
El viento comenzó a golpear contra los cristales, las luces del salón empezaron a parpadear y el cuenco se balanceaba cada vez más deprisa.
Nos mirábamos unos a otros sin poder creer todo lo que estaba sucediendo, aquello escapaba a nuestro entendimiento. De pronto una especie de espeso liquido de un color negro comenzó a salir del cuenco que teníamos frente a nosotros y cuatro gotas salieron disparadas en nuestra dirección, después todo oscureció y solo recuerdo que nos despertamos al día siguiente, todo el salón estaba destrozado había cristales esparcidos por el suelo, pero nosotros no teníamos ni un rasguño, las velas estaban totalmente consumidas sobre la tela morada y lo único que faltaba era aquel cuenco de barro.
Nadie quiso hablar más sobre el extraño suceso y mucho menos sobre una extraña mancha que nos había marcado la palma de nuestra mano derecha.
Los siguientes días transcurrieron con normalidad, aunque cada noche al tumbarme en la cama me quedaba mirando fijamente la mancha que tenia en la palma de mi mano intentando encontrar alguna respuesta coherente de lo que había pasado ese día.
Cuando transcurrió poco más de una semana yo ya me había olvidado por completo de la extraña mancha y mi vida había vuelto a su curso normal, asta que un día, de madrugada me despertó el teléfono, sobresaltado lo descolgué y contesté, pero lo único que se oía al otro lado eran unos balbuceos incomprensibles, al principio pensé que era alguna broma y estuve apunto de colgar, pero entonces el suelo comenzó a temblar levemente, como si se estuviese desencadenando un terremoto. El auricular del teléfono se me resbalo de la mano y cayó al suelo produciendo un ruido que retumbó en toda la habitación, los balbuceos comenzaban a irse mucho más, pero esta vez ya no provenían del teléfono, si no de todas partes de la estancia.
Mis ojos se fijaron por casualidad en una sombra que se movía de un lado a otro, mientras mi mente intentaba encontrar algún sentido lógico a todo cuanto estaba sucediendo.
Estaba cada vez más nervioso y atemorizado, mis ojos iban de un lugar a otro siguiendo a la extraña sombra, cuando un cuervo se chocó contra la cristalera del balcón, giré la cabeza rápidamente y me quedé mirando al pájaro que estaba tumbado boca arriba moviendo las patas y alas y un fino hilo de sangre que bajaba lentamente por el cristal desde donde el pájaro había impactado. Cuando volví a mirar en el interior de la habitación, busqué la sombra pero ya no estaba. No pude dormir en todo el resto de la noche y reconozco que me daba un miedo espantoso el tener que levantarme de la cama.
A la mañana siguiente decidí ir a casa de mi amigo, el de las cosas paranormales, quizá el podría explicarme algo.
Cuando me abrió la puerta note que algo extraño le sucedía, estaba despeinado, su rostro era tan pálido que temí que en cualquier momento se desmayara y su forma de andar era vaga y encorvada.
Ambos nos sentamos en el sofá, yo le que me había sucedido esa noche pero el ni me miro ni respondió. Su mirada estaba perdida en algún punto de la pared, si boca entre abierta y sus labios secos, ni siquiera movía ni un solo musculo de su cuerpo, parecía una mera marioneta sin vida, un cadáver con respiración artificial. En ese momento me asuste de mis propios pensamientos, empecé a creer que le pasaba algo, y para nada estaba equivocado.
Toqué su hombro suavemente y al levantar mi mano, la carne que había estado en contacto con las yemas de mis dedos se había desprendido quedando adherida a mí. La sangre empezó a brotar de la espantosa herida, limpié mis dedos en el sofá y me levanté de un salto, miré horrorizado a mi amigo, sus ojos miraban mi rostro sin vida alguna, levantó lentamente su brazo derecho intentando agarrar mi muñeca, yo me aparté instintivamente hacia atrás, su mano seguía moviéndose tanteando el aire y vi que donde días antes estaba la mancha negra había un profundo agujero negro que derramaba sangre coagulada. Me quedé atónito, él empezó a levantarse del sofá, cuando se puso en pie no pude evitar soltar un grito de puro horror toda la carne que había estado en contacto con la tela del sofá estaba impregnada en él, gran cantidad de sangre medio coagulada caía al suelo siguiendo los lentos pasos de mi amigo. Él gemía de dolor, era un gemido casi imperceptible, caminaba hacia mí y o estaba paralizado por el miedo, quería huir pero mi cuerpo no respondía.
Cada vez estábamos más cerca el uno del otro, su mano extendida cogió con una fuerza descomunal mi brazo, en ese momento mi cuerpo reaccionó, lo cogí por la muñeca y estire para que me soltara, con horror vi que su mano se había desprendido de su brazo y seguía agarrada a mí, volví a gritar y cogiendo la mano cercenada la tire lejos de mí. Corrí hacia la entrada e intente abrir la puerta pero estaba atrancada, ni colega, o lo que quedaba de él me estaba acorralando, tenia que actuar rápido, me dirigí corriendo a la cocina, registre los cajones en busca de algún cuchillo lo suficientemente grande como para poder defenderme, conseguí encontrar lo que buscaba.
El monstruo que en un tiempo había sido mi amigo estaba entrando por la puerta de la cocina, ya no le quedaba piel alguna, podía contemplar todos los músculos moviéndose a cada movimiento que realizaba, sus ojos sin parpados me miraban fijamente. Me entraban nauseas de tan horroroso espectáculo.
Agarré bien fuerte el afilado y puntiagudo cuchillo y le advertí a pleno grito que no se acercara, pero él siguió avanzando, cogí unos cubiertos que quedaban a mi alcance y se los arrojé, la mayoría de estos quedaron incrustados en la carne y esa cosa seguía avanzando hacia mí.
Empecé a mover el cuchillo en el aire y la afilada punta rasgo los músculos de la mano que aun le quedaba y tenia extendida hacia mí.
No quería acercarme más a él, me daba un tremendo asco, y mucho menos quería que me volviese a tocar, pero si no me acercaba y acababa con ese monstruo, no podría escapar.
Me armé de valor y avancé rápidamente hasta él, le incruste el gran cuchillo, hundiéndolo asta el mango en el pecho, su sangre salpico toda mi camisa y mi cara, pero de nada sirvió él seguía moviéndose, le asesté más puñaladas utilizando toda mi fuerza mientras él me agarraba el cuello con su viscosa mano, levanté el cuchillo y se lo clavé con las ultimas fuerzas que me quedaban en el cráneo, pero su mano seguía apretando mi cuello y empezaba a dejarme sin respiración, de súbito su fuerza desapareció y el cuerpo de aquella criatura cayó al suelo.
Yo estaba temblando, me costaba creer lo que estaba pasándome, hoy en día aun me cuesta creerlo.
Me senté mareado en el suelo, apoyé la cabeza contra la pared y cerré los ojos por un segundo, cuando los volví a abrir todo había cambiado. El que estaba tendido y apuñalado en el suelo de la cocina, no era ese monstruo sin piel, era mi amigo, su sangre aun brotaba de las heridas.
Me levanté de un salto y lo observé, también había recuperado la mano cercenada. Lo toqué, comenzaba a estar frío, miré a mi alrededor, todo estaba cubierto de sangre, sin pararme a pensar y muy asustado salí corriendo,era de noche y la poca gente que se cruzaba en mi camino se apartaba horrorizada y me seguía con la mirada.
Cuando llegué a mi cada y cerré la puerta tras de mí me derrumbe de rodillas en el suelo y lloré asta que mis lagrimas se agotaron.
Pasadas unas horas pude recuperar la compostura y la calma, me senté en el sofá y comencé a pensar, deduje que lo mas conveniente seria llamar a mis otros dos amigos, cogí el teléfono, llame a uno pero no hubo respuesta, llamé al otro, este si contestó pero procure ser cauteloso y le hablé como si nada hubiese ocurrido. Él parecía estar bien, y le propuse quedar en unas horas.
Necesitaba explicarle todo lo que me había ocurrido. Dediqué el resto que me quedaba de noche a quitarme toda la sangre que me cubría y después dormí hasta bien entrada la mañana.
Por la tarde nos reunimos en el bar de siempre tomamos unas cervezas y nos dirigimos a mi casa, allí empecé a contárselo todo, con total detalle, y el me escuchaba atentamente. Al acabar mi relato le mire a la cara intentando descifrar lo que pensaba, él me miraba incrédulo, y en una décima de segundo sus ojos se abrieron completamente, los puños los tenia cerrados con tanta fuerza que las uñas se clavaron en sus palmas haciéndole sangrar. Yo me aparté corriendo, él empezaba a encorvarse, una espuma blanquecina brotaba de su boca y su cuerpo no paraba de temblar.
Cogí la silla que tenia a mi derecha y se la estampé contra la cabeza, haciéndole caer de bruces. No estaba dispuesto a que mi vida corriese riesgos, ni a que ninguna otra de esas criaturas me tocase.
Él seguía moviéndose, y si no actuaba rápido se levantaría y probablemente me atacaría.
Fui corriendo a mi habitación y eché el cerrojo, intenté recordar desesperado donde había guardado mi navaja suiza, revolví todos los cajones asta que di con ella.
La criatura comenzó a golpear la puerta con brutalidad hasta que consiguió echarla abajo. Vi con espanto que el monstruo no se parecía en nada con la que me había enfrentado el día anterior. Esta parecía más rápida y fuerte, tenia unos labios cortados y sangrantes que dejaban ver los dientes terminados en punta, a pesar de tener los ojos de mi amigo ya no se parecía a él en nada, su cuerpo también había cambiando era más ancho y sus brazos más largos, sus manos eran desmesuradamente grandes con dedos acabados en punta y sin uñas.
La criatura se abalanzó sobre mí y haciéndome caer de espaldas, su fétido aliento dio de lleno en mi cara.
Yo aun sostenía la navaja pero apenas podía moverme. Un gran chorretón de babas cayó de su boca dándome de lleno en mi ojo izquierdo. Todo mi cuerpo se estremeció del asco.
Levanté todo cuanto pude mi brazo y clavé la navaja en su hombro, la bestia quitó sus zarpas de mis antebrazos y yo aproveché para apuñalarle el pecho. No recuerdo cuantas veces clavé mi navaja en él, pero si recuerdo que gritaba y jadeaba, su sangre chorreaba sobre mí, asta que dejó de moverse y cayó pesadamente sobre mi pecho. Me lo quité corriendo de encima y me aparté todo cuanto pude de él. Lo miré fijamente por temor a que volviera a moverse o cambiar de nuevo su forma, pero nada ocurrió. No podía parar de pensar, de preguntarme que era exactamente lo que me estaba pasando, cuando a mi mente se asomó la idea de buscar e investigar sobre el difunto abuelo de mi también difunto amigo.
Salí corriendo de la habitación, encendí el ordenador y me puse a buscar cualquier cosa relacionada con el anciano, y lo que encontré me dejó muy confuso... el abuelo de mi amigo no estaba muerto, si no internado en un hospital psiquiátrico, busqué la dirección de aquel lugar. Corrí a eliminar toda la sangre que me cubría y cogí el coche. Fueron dos horas de viaje interminable.
Cuando por fin llegué a aquel sitio y pedí ver al hombre en cuestión, me llevaron ante él.
Le pregunté, le insistí, le conté mi historia, le supliqué, pero él solo me miró. Cuando desistí y me dirigía a la puerta, su voz ronca dijo: “ ese es el poder, ver en realidad las criaturas que somos”. Yo lo mire e intente hablar con el de nuevo pero sus labios no volvieron a moverse. Salí de aquel espantoso lugar y volví a mi casa.
Ya no recordaba que esa horrible bestia seguía en mi dormitorio, pero cuando entre en casa, para mi sorpresa no estaba solo, y no me refiero a la presencia del cadáver de la criatura, que por supuesto había vuelto a la forma de mi amigo, si no varios policías que me arrastraron. Todo me pilló por sorpresa, solo había estado pensando en las criaturas y no se me ocurrió ni por un segundo que los cadáveres de dos de mis amigos me incriminaban a mí.
En el interrogatorio intente explicar la historia pero no sirvió de nada.
Cuando se celebró el juicio volví a insistir en que mi versión era verdad, y lo único que conseguí es que me procesaran como un asesino loco, psicótico y con esquizofrenia.
Desde entonces estoy en esta habitación aislada del resto.
Jamás volví a saber de mi otro amigo, a veces los echo de menos, solo espero que sepa lo que tiene que hacer.
Durante más de dos largos años de mi estancia aquí, no dejé de darle vueltas a las palabras que me dijo aquel viejo y por fin ayer de madrugada averigüé la respuesta.
Ahora la bestia que llevo dentro me ayudará a poner fin a todo esto.

LA CRIATURA


¿Nunca os han contado historias sobre criaturas gigantes y casi invencibles que destruyen las ciudades?, la mayoría solo son historias, pero yo comprobé que como mínimo una es cierta.
Mi madre murió cuando yo era pequeña, y mi padre era un científico bastante conocido. Solo conocía una vida, la de los experimentos y los cálculos.
Solía ayudar a mi padre en trabajos sencillos, no me importaba pasarme días encerrada en un laboratorio, me encantaba todo aquello.
Cuando yo tenia diecinueve años a mi padre lo destinaron, por primera vez, a una misión de campo, en principio era algo muy sencillo, solo tenían que capturar un espécimen que había escapado y podía dañar gravemente el ecosistema.
Me ofrecí a ir con el grupo, no me apetecía nada tener que quedarme sola en el laboratorio, así que preparé mi equipaje.
Nos dirigimos a las afueras de la ciudad, donde comenzaba el monte.
El primer día estuvimos buscando algún indicio sobre por donde se podía haber movido el pequeño animal. Poco antes de acampar, uno de los cinco científicos que nos acompañaban a mi padre y a mí, encontró unas pequeñas huellas que identificaban que el animal en cuestión había estado allí.
Poco después comenzó a oscurecer y comenzamos a montar dos grandes carpas, en una dormirían los cinco científicos que nos acompañaban y en la otra mi padre y yo junto con todo el material de investigación.
En mitad de la noche me desperté a causa de una terrible pesadilla, intente dormirme de nuevo, pero me fue imposible. Me entretuve mirando entre los papeles de la investigación, encontré fotos del animal que buscábamos, era pequeño, tan pequeño que cabía en la palma de la mano, era de color gris oscuro, tenia ojos saltones y de color amarillo que le permitían ver en la oscuridad, patas cortas y robustas, una larga cola terminada en punta, no tenia orejas y su piel era tan dura como el acero, estaba recubierto de pelo, su tacto parecía suave, tenia unas pequeñas garras retráctiles y unos dientes afilados y puntiagudos a pesar de que en el informe destacaba que su dieta era completamente herbívora, lo más interesante era que la criatura era tanto macho como hembra y no necesitaba ningún otro espécimen para reproducirse.
Cuando acabé de leer todo sobre aquel espécimen me dí cuenta de que ya había amanecido, lo dejé todo en el orden en el que estaba y salí fuera de la carpa a tomar un poco de aire fresco.
Me senté sobre una roca mientras los demás terminaban de despertarse.
En esos momentos yo recuerdo que me sentía muy feliz, aunque estuviéramos trabajando me sentía libre. Era la primera vez que acampaba y pasaba una noche fuera de casa.
Después de desayunar seguíamos buscando por donde había estado el espécimen, encontramos un pequeño rastro y lo seguimos. Para abarcar más terreno decidimos separarnos, había indicios de que el animal posiblemente vivía en esa zona y teníamos que registrarla a fondo.
Yo comencé buscando algún rastro por la maleza y sin darme cuenta acabé rodeada de arboles y espesa vegetación, iba ha retroceder sobre mis pasos cuando vi huellas claramente marcadas en la tierra. Las seguí, apartando la vegetación. Parecían no acabar nunca, por fin di con una pequeña madriguera, me quedé observando pero parecía no haber nada en su interior, enfoqué al agujero con una pequeña linterna que llevaba conmigo y enseguida vi como dos puntos brillantes parpadeaban en el interior, me alejé muy despacio y apagué la linterna, aguardé unos instantes y vi como lentamente salia de la madriguera el animal que estábamos buscando.
Se suponía que la criatura no era peligrosa, así que cogí un poco de hierba de mi alrededor y extendí la mano conociéndosela.
El animal, que ya no era tan pequeño, se acercó lentamente hacia mí, y un poco desconfiado cogió la hierva con una de sus patas llevándosela a la boca, luego se acercó más a mí, y pude acariciarle la cabeza, tenia un tacto tan suave como el de la seda y emitía un ruido parecido al de los gatos al ronronear.
La criatura parecía contenta, se puso a dar vueltas a mi alrededor moviendo su larga cola de un lado a otro tal cual como un cachorro de perro. Vi que no era para nada peligrosa, cogí algo más de hierba y se la di, lo acaricié un poco más y el mismo se acurrucó en mis brazos. Decidí llevarlo en brazos ya que lo veía tan relajado y tranquilo, aunque no me cabía duda de que si lo hubiese depositado en el suelo me habría seguido.
Tuve que andar un buen trecho hasta llegar al campamento, por el camino temí haberme perdido, pero sentí un gran alivio cuando vi a mi padre junto con otro de los científicos.
Se asombraron mucho al verme llegar con el espécimen acurrucado en mis brazos, se acercaron y mi padre intento cogerlo, pero el animal enroscó su cola en torno a mi muñeca y se aferró de mi jersey sin querer soltarse.
Decidieron dejarlo a mi cuidado, ya era tarde y pasaríamos esa noche en las carpas, y por la mañana lo devolveríamos a los científicos responsables de él.
Todos se durmieron menos yo, que me quede jugando con el animal sin poder conciliar el sueño. Cuando el espécimen se durmió sobre mi saco de dormir yo eché un vistazo a los archivos que había visto el día anterior, y compare una foto en la que salia el animal en la palma de la mano de un científico, con el que ahora dormía plácidamente, no cabía duda de que era él pero ya no era tan pequeño, debía de pesar aproximadamente unos seis o siete kilos y tenia el tamaño de un gato.
Entre los papeles me fijé en una carpeta negra que no había visto el día anterior, la abrí y comencé a leer unas hojas en las que ponía, que el ser en cuestión se había conseguido mutando barias cadenas de A.D.N. de distintos animales, pero que por algún motivo era muy inestable y por lo tanto debían de diseccionarlo para acabar con los errores que ahora poseía.
Me quedé sin saber como reaccionar, por lo que ponía en esas hojas el animal no afectaba en absoluto, que era lo que nos habían dicho, tampoco mencionaba exactamente que inestabilidades poseía.
En ese momento no pensé en las consecuencias de mis actos, tan solo quería salvar la vida de un animal cariñoso e inofensivo.
Cogí unas cuantas provisiones que metí en mi mochila, el animal y mi saco de dormir, salí silenciosamente de la carpa mientras todos dormían, y caminé hasta lo más profundo y boscoso de la montaña, el animal se acurruco en mis brazos y siguió durmiendo.
Caminé unas dos horas hasta llegar a un lugar que me parecía propicio para descansar un poco, preparé el saco y me introducí junto con mi nuevo compañero de viaje que seguía emitiendo aquel ruido tan tranquilizador. Me quede pensando en que no tardarían mucho en encontrarme, en que yo era una chica de ciudad que no estaba preparada para sobrevivir, ni siquiera unos pocos días en la montaña, aunque lo que más me preocupaba era que pudiesen hacerle daño a aquel animal. Al final cansada de tanto caminar y con dolor de cabeza, mis ojos se cerraron y me rendí al sueño.
Cuatro horas después el animal me despertó lamiéndome la mano. Comencé a oír la voz de mi padre y de algunos científicos.
Me levanté y lo recogí todo corriendo, pero cuando lo tuve todo liso ya era demasiado tarde, habían dado conmigo.
Mi padre estaba indignado por mi comportamiento y me lo reprochaba, iba a contestar en mi defensa, pero algo que cambiaría mi vida y la de toda la ciudad sucedió.
Uno de los científicos había intentado coger al animal y este asustado clavó sus afilados dientes en el brazo del pobre chico desgarrándole la piel, la sangre se deslizó hacia el interior de la boca del espécimen, y este reacciono con unas fuertes convulsiones, echaba espuma y sangre por la boca y sus ojos estaban abiertos totalmente, pero su color ya no era amarillo si no que sus ojos se habían vuelto por completo de color negro.
Cuando las convulsiones remitieron se puso a cuatro patas, encobrando la espalda y agachando la cabeza, todos nos echamos hacia atrás alejándonos de él.
La criatura empezó a mutar, su piel comenzó a resquebrajarse, en la espalda justo sobre su columna vertebral empezaron a asomarse unas finas y robustas púas, que poco después llegaron a medir unos cuarenta centímetros, habían aumentado en tamaño sus fuertes patas traseras, eran tres veces mayores que antes, en su cola también habían surgido púas, pero estas eran mucho más diminutas, en su piel se notaban unas profundas grietas que sangraban, debido a su repentino crecimiento, sus garras y sus dientes habían crecido tan exageradamente hasta el punto de ser tan desmesurados que la bestia siquiera podía cerrar la boca y las babas le resbalaban de entre los dientes.
Yo me quedé petrificada, ese monstruo para nada era el animal que yo había conocido.
Vi que los científicos cogían las armas cargadas con sedantes y disparaban a aquella cosa que seguía retorciéndose en el suelo. Muchos de los sedantes rebotaban en la piel del monstruo cayendo al suelo, pero algunos consiguieron clavarse en las recientes grietas de la piel, parecía ser que ese tejido era mucho menos grueso y resistente. Él agitaba su cola y abría la mandíbula emitiendo un gruñido espeluznante.
Sin que nadie lo esperase echó a correr tras uno de los científicos que le había disparado, pegó un tremendo salto cayendo sobre él, y de un solo bocado arrancó la cabeza del pobre hombre. Todos huyeron dispersándose, mi padre me agarró el brazo y tiró de mí guiándome junto con otro científico a uno de los coches. Salimos a toda velocidad y a los pocos minutos estábamos en la carretera de camino a la ciudad. No tardamos mucho en llegar a el laboratorio, desde allí contactamos con las personas responsables de aquella criatura.
Poco después unos cuantos de los responsables se presentaron en nuestro laboratorio, nos explicaron que ese no era el primer espécimen que creaban, todos los anteriores habían sido destruidos por el mismo motivo, cuando ingerían sangre comenzaban a mutar y se descontrolaban, cuanta más sangre y carne ingerían su tamaño aumentaba, aunque era en la primera vez cuando su mutación era totalmente notable. Nos encomendaron la misión de capturarlo porque eramos la base más cercana y el sujeto aun no era peligroso.
Después de un largo debate nos pidieron que les ayudásemos. Mi padre sabia que ellos solos no podrían, y el era uno de los pocos que había pertenecido al ejercito y tenia contactos muy importantes.
Con solo unas pocas llamadas varios capitanes con sus soldados se habían presentado en el laboratorio, apenas cabíamos todos.
Nadie quería que llegase a saberse sobre la existencia de tales experimentos y resultados.
Les facilitaron armas a todos, yo, según mi padre, era demasiado joven para arriesgarme así que debería quedarme en el laboratorio.
Yo estaba en duda, por una parte no quería arriesgarme después de ver como ese monstruo era capaz de destrozar con sus dientes a una persona en menos de un segundo, pero por otra parte sabia que mi padre y muchos otros soldados iban a arriesgar sus vidas para proteger la ciudad de aquel horroroso bicho.
Cuando terminaron de dar las instrucciones, todos se pusieron en marcha y yo me quedé sola en el laboratorio. Intenté tranquilizarme pero era imposible, no paraba de pensar en todo lo que había sucedido.
Pasaron tres horas y ni siquiera podía estar sentada, lo nervios me acosaban, andaba de un lado a otro de el laboratorio, me asomaba a cada una de sus ventanas, pero no había rastro de los soldados. Todo estaba en calma, me dije a mi misma que todo iría bien, que lo estaban buscando y cuando lo encontraran lo abatirían sin esfuerzo, por desgracia no era así.
Comencé a oír disparos, aun estaban a una distancia considerable, empecé a asustarme, busqué el pequeño revolver que guardaba mi padre en uno de los cajones de su escritorio y lo cogí. Me dirigí a la entrada y abrí la puerta unos centímetros para intentar ver algo, pero los disparos seguían siendo demasiado lejos. Estuve esperando hasta que el sonido parecía más cercano, volví a asomarme y vi unos cuantos soldados corriendo y otros tantos huyendo en los jeep, muchos estaban heridos y sangrando.
Poco después vi aparecer a la enorme criatura, superaba el tamaño de un elefante adulto, había soldados que le seguían disparando, pero las armas no le hacían nada.
Entre toda la gente intentaba divisar a mi padre pero no había rastro de el.
El monstruo cada vez se aproximaba más a el laboratorio y la ciudad.
El cielo comenzó a llenarse de helicópteros, algunos eran de los canales de comunicación más importantes y otros del ejercito. Empezaron a llegar tanques que avanzaban hacia la criatura. El estruendo cada vez era mayor. Se oían disparos por todas partes y el constante ruido de las enlices de los helicópteros.
Decidí salir del lugar y huir hacia la ciudad, los militares estaban tomando toda la zona.
Salí con una de las manos metidas en el bolsillo de la chaqueta y aferrando el arma. Corrí tan deprisa como pude, uno de los enormes tanques pasó por mi lado, eché la vista atrás y vi como el monstruo avanzaba rápidamente. Seguí en dirección a la ciudad pero me tope con una hilera de tanques que me cortaba el paso, uno de los soldados que andaba por allí me dijo que era peligroso estar por aquel lugar, le intenté decir que me dirigía a la ciudad, pero antes de que me diese cuenta entre dos soldados me habían metido en uno de los tanques para ponerme a salvo, aunque esa fue una de las peores cosas que se les podía ocurrir hacer. Ellos pensaban que con los primeros tanques enviados bastaría para derribar una criatura que media poco más que dos elefantes, pero se equivocaron, su crecimiento era constante y rápido y su piel era tan sumamente dura que el fuego de los tanques apenas le hacia daño.
Ellos eran el apoyo, pero cuando les llegaron las ordenes de atacar, no me quedó mas remedio que ir con ellos ya que no podía salir.
Empezó el fuego, todo era un caos, me dolía la cabeza, todo ese ruido me estaba dejando sorda. Había disparos y explosiones por todas partes, se oía a los soldados gritar, los gruñidos de la bestia...
el tanque en el que yo iba empezó a disparar, yo estaba asustada y me aferraba a lo que podía para mantener el equilibrio, no sabia porque el tanque se balanceaba, y en un instante el monstruo clavó sus largas garras en uno de los laterales del vehículo, contemple con horror como una de sus garras atravesaba el pecho de un soldado que estaba frente a mí, su sangre salpicó mi cara, y al segundo siguiente el tanque volcó, me golpeé con algo en la cabeza y perdí el conocimiento durante unos pocos minutos. Cuando me recuperé tenia sobre mí el cadáver del hombre que había sido atravesado por una enorme y afilada garra, había sangre por todas partes, otro de los soldados tenia la cabeza destrozada, vi que uno de ellos estaba tendido boca arriba, respiraba muy débilmente, sus ojos estaban entornados y su boca llena de sangre, horrorizada me quité el pesado cadáver de encima y salí del tanque. Noté un fuerte dolor en la cabeza y me la palpé, tenia una brecha que no paraba de sangrar, miré a mi alrededor, todo estaba destruido, varios vehículos ardían y había cientos de cadáveres de los soldados, imaginé que la guerra debía de ser algo así.
Seguí el rastro de destrucción del monstruo con la mirada, se dirigía a la ciudad, no habían sido capaces de abatirlo.
Caminé en dirección a la ciudad, vi varios vehículos que parecían intactos pero ninguno llevaba las llaves puestas, continué caminando mientras intentaba encontrar alguno que me pudiese ser útil, y me fijé en un jeep que estaba en marcha, el conductor estaba muerto, un agujero perforaba su pecho junto con el asiento en el que estaba sentado, y había perdido medio rostro. Me acerque y tire del cadáver hasta que conseguí sacarlo del coche.
Me subí y me dirigí a la ciudad, tenia que ir sorteando vehículos, tanques y multitud de cadáveres.
Cuando estuve lo bastante cerca pude ver al monstruo y aun así apenas podía creer que hubiese crecido tanto. Media ente quince y veinte metros, su cola se movía de un lado a otro arrasando todo lo que se encontraba a su paso, salí del vehículo y me quede estupefacta, quieta, sin saber que hacer. Solo podía mirar a la enorme criatura y pensar que mi padre había muerto.
El monstruo desapareció de mi vista, entonces fue cuando reaccione, volví a subir al coche, y comencé a rodear la ciudad para salir al paso de la bestia.
Estaba temblando, un poco por el miedo, un poco porque tanto mi ropa como el asiento del coche estaban empapados de sangre, sentía nauseas.
Jamas en mi vida había visto, y mucho menos estado cubierta de sangre.
Calculé como de rápido avanzaba la criatura y me dirigí a una de las calles principales de la ciudad. Hasta ahora el monstruo había avanzado en linea recta, supuse que no se desviaría. Y así fue, nada mas bajar del coche vi como esa gran criatura avanzaba hacia mí, cogí una de las armas del asiento trasero. Creo que era un fusil o algo similar, era ligero y automático.
El monstruo seguía barriendo con su cola todo cuanto encontraba a su paso, los tanques no servían de nada contra su dura piel.
Me quede mirándolo intentando encontrar algún punto débil, y encontré lo que buscaba, sus ojos, ese era un buen punto donde atacar, si conseguía acercarme lo suficiente y alabarle algo hasta llegar al cerebro podría matarlo, aunque aun no tenia ni idea de como conseguirlo.
El monstruo se estaba acercando y para atraer su atención hacia mí grite algo, no recuerdo el que, estaba muerta de miedo, para mi sorpresa él pareció escucharme. Se quedó inmóvil durante unos momentos y dirigió su mirada hacia donde me encontraba yo, cuando nuestros ojos se cruzaron fue como si todo se detuviese, solo existíamos él y yo, seguíamos mirándonos fijamente, avancé hacia él y él comenzó a avanzar hacia mí. Fue la peor experiencia de mi vida, jamas había pasado tanto miedo.
Aquella criatura enorme estaba frente a mí, agachó su cabeza hasta la altura de la mía, sus inmensos ojos totalmente negros seguían mirándome, su aliento chocaba contra mi cara, el hedor que desprendía era algo insoportable, sus babas cayeron desde entre sus enormes dientes hasta el suelo empapando mis botas, pero nada de eso me importó, ambos estábamos sumidos en nuestras miradas, seguramente los soldados seguían gritando, disparando, intentando acabar con la criatura, pero ninguno de los dos prestaba atención a eso, yo levanté mi mano y le acaricié la cabeza, su piel era igual de dura que cuando lo toqué por primera vez, su pelo estaba pegajoso, cubierto de sangre, por ultima vez pude oír aquella especie de ruido, similar a un ronroneo de gato, que salia de su garganta, aquello me tranquilizó, todo el miedo se había esfumado de mi cuerpo. Solo deseaba que todo hubiese sido una horrible pesadilla. Sabia que no era así.
Seguí acariciándole, y casi con un susurro le pedí perdón. Creo que me comprendió y por un instante creí ver como sus ojos se tornaban acuosos , aunque no conseguí ver ninguna lagrima.
Seguí escuchando aquel ronroneo que me apaciguaba y mientras le acariciaba levanté el fusil y le apunte en el ojo izquierdo, acerqué mis labios a su cabeza y lo besé mientras hundí firmemente el arma en su ojo.
Él rugió de dolor y yo empece a llorar sin ni siquiera saberlo. Mis labios siegan pegados a su piel y el arma hundiéndose cada vez más.
Comenzó a agitar su enorme cola destrozando las fachadas de ambos lados de la calle, mi dedo apretó el gatillo y el fusil comenzó a disparar. Él se quedó quieto y gruñendo, empezó a tambalearse, yo retrocedí rápidamente y observe como caía hacia un lado, su cola seguía moviéndose y yo miraba como su cuerpo sufría los espasmos de la muerte. En un rápido movimiento la cola se dirigió hacia mi rostro y con su afilada punta y los puás que le habían surgido desgarro mi ojo derecho y parte de mi mejilla, sentí un profundo dolor pero solo llevé mi mano hacia la herida cubriéndola y apretándola, seguí contemplando como sus movimientos se apagaban lentamente, hasta que su vida se extinguió, me arrodillé junto a él y me desmayé.
Cuando desperté había pasado casi un día, estaba sola en la habitación de un hospital militar, me dolían las heridas del rostro, después de aquello mi vida cambió por completo, había perdido a mi padre, y me costaría superarlo. Ahora estaba sola.
Pocos días después de recibir el alta, gracias a las influencias que había tenido mi padre y las que yo ahora tenia por haber derribado a la criatura conseguí acceder a su enorme cadáver, sin que nadie se percatase sustraje una muestra de su A.D.N. y me encerré en mi laboratorio...
Allí donde otros fracasaron, yo triunfaré...  

LA BESTIA QUE HABITA NUESTRO INTERIOR


Era una noche de sábado como otra cualquiera, salia del centro comercial y me disponía a marcharme a casa como de costumbre... pero esa noche fue distinta.
Al pasar por un callejón distinguí aduras penas la silueta de un hombre y por un instante nuestros ojos se cruzaron.
El caminaba tranquilamente hacia mí, y yo, sin poder moverme, seguí mirando sus ojos. Brillaban de extraña manera.
Una vez estuvo frente a mí, y sin dejar de mirarnos, me agarró de las caderas, me atrajo asta él y entonces acariciando su mejilla contra la mía me dijo en un susurro: -Por fin te he encontrado.
Yo notaba su aliento cálido y su respiración agitada en mi cuello y no era capaz de huir, solo deseaba que ese momento fuese eterno.
Aquel desconocido comenzó a deslizar sus frías y ásperas manos por debajo de mi camiseta, acariciando con las yemas de los dedos mi espalda. Mientras sus labios carnosos se deslizaban por mi cuello.
Mi sexo comenzaba a empaparse mojando el tanga que llevaba y un pequeño gemido se me escapó cuando él desabrochó mi sujetador.
Yo intentaba resistirme, pero era incapaz. Aquel hombre al que no conocía de nada había conseguido hechizarme.
Empecé a desabrocharle la fina camisa que llevaba, él me quitó la camiseta y dejó caer el sujetador.
Su boca empezaba a recorrer mi cuello asta llegar a los pechos, con una mano acariciaba mi vientre y con la otra me sujetaba por la espalda mientras su lengua recorría mis pezones y sus labios los apretaban.
Los gemidos seguían brotando de mi garganta y entonces él deslizó su mano bajo la falda negra apartando el tanga y acariciándome el clítoris empapado. Muy suavemente comenzó a introducir uno de sus dedos mientras me besaba y su lengua jugaba con la mía.
De pronto sacó su mano de mi sexo, me quitó la falda y el tanga de un solo tirón y metió sus dedos empapados en mi boca mientras desabrochaba y dejaba caer su pantalón.
Su miembro estaba completamente erecto y yo no podía dejar de mirarlo en la tenue luz que nos rodeaba.
Él agarró mis nalgas y me levantó asta colocarme a la altura de su cintura. Yo le rodee las caderas con mis piernas mientras lo besaba y sentía como su miembro acariciaba los labios de mi sexo. Él comenzó a moverme suavemente introduciendo su pene en mí. Sentí que un dolor me recorría todo el vientre y solté un fuerte gemido que él acalló basándome mientras seguía introduciendomelo.
Cada empujón era más fuerte que el anterior, el dolor y el placer recorrían todo mi cuerpo, sentía como me penetraba, como me empujaba, cuando salia y entraba en mí. Notaba como mis fluidos nos empapaban a ambos, su aliento cálido en mi mejilla y mis uñas clavándose en su espalda.
Aprecian unos momentos interminables y así deseaba que fueran.
Él acabó corriéndose en mi interior, sentía como su semen me recorría y llenaba, como resbalaba por mis labios y mis muslos.
Él me miro a los ojos y yo le respondí. Lo que vi fueron unos ojos de animal, ojos de bestia salvaje.
Después de eso él desapareció, desde ese día sigo buscándolo y ansiando sentir de nuevo aquel placer inolvidable...

ESPERAR


Solo el hallar refugio en la soledad
Me alivia cada noche
Mi mirada perdida en la oscuridad
De una habitación fría
De la que no puedo escapar
Busco algo que ya no esta
Un corazón oscuro
Late al compás de la muerte
Lento y sordo latido
Imperceptible llanto de angustia
Y solo esperar es lo que me queda.

Este poema está en el libro publicado el 15/10/12:
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¿CUANDO TE ENCONTRARE?


Asomada a mi ventana extiendo la mano
Intentando coger la luna que se refleja en mis ojos
Imaginando que tu estas ahí
Esperándome pacientemente
Pero lo único que consigo
Es derramar lágrimas por el recuerdo
Triste y sombrío es mi rostro
Lagrimas que quieren escapar
Y me pregunto cuanto he de esperar
Para volverte ha encontrar.

Este poema está en el libro publicado el 15/10/12:
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DUDAS ACOSADORAS



Ahora que han pasado todas mis oportunidades
Me acosa el arrepentimiento
El no haberme atrevido a decirte
Todo lo que siento
Mis preguntas se acumulaban
Pero jamás encontré el adecuado momento
Simplemente el tiempo que me diste
Fue demasiado corto
Como un simple suspiro
Y las preguntas siguen en mi mente acosándome
¿Quién fue ella, la que dejo una herida de muerte en ti?
¿Por qué decidiste dedicarme tiempo a mí?
¿Valió la pena enseñarme tantas cosas?
¿Solo jugaste conmigo?
¿Sentiste algo realmente?
¿Por qué jamás lo confesaste?
¿Por qué?.

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SUS SECRETOS


Millones de suspiros dedicados a ti
Se pierden en la oscura y fría noche
Y solo la luna y las estrellas son cómplices
De mis más profundos sentimientos
Tantas cosas me quedaron por preguntarte
Tantas respuestas que no quisiste darme
Qué soy para ti?
Jamás recibiré respuesta alguna
Fue un secreto que decidiste no compartir
Llevándotelo de este mundo
Guardado con celoso deseo
Acaso querías que lo descubriera?
O simplemente pensaste que ya tenía la respuesta?.

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TUS PASOS SEGUIRÉ


Sellamos nuestros secretos
Recorrimos crueles caminos
Forjamos cadenas de acero
Y enterramos nuestro corazón
En lo más profundo de nuestro ser
Y aun así siguió latiendo
Heridas del pasado volvieron
Pero aun así avanzamos
El daño que sentimos no fue suficiente
Y seguimos nuestro juego
Un mar de dolor nos inundo
La sangre brotaba de nuestras almas
Y la soledad nunca era suficiente
El tiempo pasaba muy deprisa
O quizá demasiado lento
Tú acabaste marchando
A un lugar que yo no puedo alcanzar
Pero tus pasos seguiré
Quizá sean más inseguros
Torpes e incluso equívocos
Pero no me rendiré hasta alcanzarte
Y volveremos a sufrir
Ambos juntos.

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NUESTRO SECRETO


¿Realmente será que no hay final feliz?
El paso del tiempo se pierde en mis recuerdos
Aquel sentimiento por ti
La vida me dio y felicidad
Ahora solo es un veneno que hiere
Me mata sin descanso
Se extiende alcanzando todo mi ser
Y solo logro pensar en ti
Un oscuro pasado
Lleno de escamas y frialdad
Y un futuro no muy digno
Son los que tuviste por vida
Y mis palabras,
Como las tuyas se perdían
En el viento de la noche
Y jamás fuimos comprendidos
Solo mutuamente nos complacíamos
Pero los demás jamás entendieron
Pues ellos no veían como nosotros
Sus ojos siguen siendo ciegos
Y ahora que ya no estas
Y el veneno corre en mí
Solo cabe un pensamiento
La forma de quitar este dolor
Pero solo es un secreto
Un secreto tuyo y mío
Nuestro secreto.

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UN LUGAR PARA TI


Solo el viento sabe de mi sufrimiento
Tan sólo la luna vio mis lágrimas caer
A un mar oscuro y frío
Del que jamás podre escapar
Las flores marchitas son mis ojos tristes
Solo los arboles comprenden mi dolor
Y en mis pensamientos solo lugar para ti.

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OJALA


Quizá encuentre lo que busco
Quizá no sea demasiado tarde
Quizá tenga valor para no rendirme
Quizá no vuelva a sonreír
Quizá de nuevo me encuentre sola
Ojalá te encuentre a ti.

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POR MAS QUE INTENTES ESCAPAR…



Por más que intentes escapar
La muerte se oculta tras las sombras más blancas
Aquellas que solo ven los que ya no pueden amar
Sentimientos se agolpan en forma de lágrimas
Acechando sin descanso, sin cesar
Acompañada por sufrimiento y desgracias
Duerme tu corazón para no dejarlo despertar
Acurrucándote entre nuevas almas
Para jamás volverte a levantar.

Este poema está en el libro publicado el 15/10/12:
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LUNA


Tras una cortina de lluvia
Espero contemplar la luz
Brillante y redonda
Cálida y armoniosa
Mis cabellos se empapan
Mis ojos no ven nada
El cielo se lamenta
Y la luna no ha salido de su cueva.

Este poema está en el libro publicado el 15/10/12:
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