jueves, 7 de mayo de 2015
SUCESOS EXTRAÑOS
Hace unos meses pasó algo extraño, ya no me siento seguro en ninguna parte y quiero dejar constancia de todo cuanto sucedió, estoy seguro de que pronto me encontrarán y harán que mi existencia se borre por completo, que mi paso por esta vida desaparezca, sé que silenciarán las voces de los pocos que me conocen, los echos que contaré en estas paginas muchos los tomarán por falsos, pero quizá llegue a manos de alguien que si crea en mis palabras. No diré mi nombre, creo que es un dato irrelevante, simplemente me ceñiré a los echos ocurridos.
Esta historia empezó un sábado, antes de eso mi vida era de lo más normal, yo trabajaba en un astillero, un trabajo como otro cualquiera. Como todos los sábados después del trabajo fui al bar habitual, quizá ese día me lié más de la cuenta, lo reconozco, salí de aquel tugurio completamente borracho, no quise coger el coche, dos semanas antes ya me habían multado por la misma razón, decidí volver a casa andando, era una buena caminata, pero pensé que podía atajar por el bosque como ya había hecho en otras ocasiones. Me metí por el camino habitual y caminé distraídamente durante largo rato,hacia bastante frío, por suerte la luna estaba casi llena y me alumbraba el camino, cuando me di cuenta todo estaba en silencio, una extraña luz blanca lo cubrió todo, pensé que habían sido imaginaciones mías y no le di más importancia. No se oía ningún tipo de sonido, ni si quiera el ulular de los búhos, me pareció algo realmente extraño, esos pajarracos nunca callan. Empecé a incomodarme con tanto silencio, decidí apretar el paso, la temperatura también estaba bajando. Ya faltaba poco para llegar a mi cabaña, pero mis ojos se cruzaron con algo, llevo maldiciendo ese momento desde los dos últimos meses, me agaché a recoger lo que parecía un huevo de color purpura, al tocarlo noté que desprendía una sustancia pegajosa y en su interior comenzó a brillar una pequeña luz, me pareció algo sorprendente, jamás tendría que haber tocado esa maldita cosa, pero no sabia que era y sentía curiosidad por algo tan fascinante, así que regresé a casa con aquella especie de huevo viscoso.
Ya en casa, me senté junto a la chimenea para entrar en calor, coloqué el extraño objeto en un recipiente, cuando dejé de tocarlo aquella luz se fue apagando, probé a tocarlo de nuevo varias veces, simplemente con la punta del dedo y en cada contacto la luz volvía a surgir y pasé un buen rato mirándolo y sin darme cuenta la madrugada se había convertido en día, así que dejé el curioso objeto en su recipiente junto a la chimenea y me apresuré en acabar todo cuanto debía hacer. Cada vez que pasaba junto al objeto lo observaba y me producía una sensación de tristeza de soledad. Aquella noche estaba incomodo, no conseguía conciliar el sueño, me senté junto a la ventana con una taza de caldo como solía hacer en las noches de invierno, me quedé contemplando las estrellas, entonces vi algo en el bosque, a lo lejos entre los arboles un destello de luz blanca, como lo que había visto la noche anterior, entonces no era una fantasía, nunca había visto luces tan potentes como aquellas, solo duró unos cuantos segundos. No se en que estaba pensando pero la curiosidad me asaltó de tal forma que cuando quise darme cuenta ya estaba dirigiéndome hacia el lugar en el que había visto la luz. Estaba bastante oscuro las nubes ocultaban la luna, no sé con que tropecé, pero caí de bruces y me hice bastante daño en la rodilla, tuve que estar un rato sentado hasta que el dolor disminuyó, cuando por fin conseguí ponerme en pie, de nuevo otro fogonazo de luz me dejó paralizado, el destello era tan fuerte que a los arboles que estaban a mi alrededor desaparecieron, era como encontrarse a solas en mitad de la nada, y de nuevo otra vez el bosque ante mis ojos. Me resultaba imposible poder averiguar de donde había venido aquel resplandor, me sentía confuso, avancé sin saber hacia donde, de nuevo caí en la cuenta del inmenso silencio, no sabía desde cuando los pájaros habían callado. De nuevo me sentía incomodo, hasta que por fin escuché algo, cerca de donde yo estaba. Oía como las ramas de los arboles crujían, al principio lo atribuí al viento, hasta que caí en la cuenta de que todo estaba en calma, por lo tanto debía de ser un animal o una persona quien hiciese aquellos sonidos, me fui acercando sigilosamente hasta el lugar de donde provenían. Oculto tras un gran árbol rodeado de vegetación, empecé a observar, al principio me costó distinguir en la oscuridad, pero cuando por fin mis ojos detectaron el movimiento, quedé sin respiración, quería huir, pero el mismo , miedo me lo impedía, mis ojos no se apartaban de aquella figura de aspecto humano. Era una criatura completamente desnuda, me había costado distinguirla por que su piel era de un tono grisáceo pálido, sus brazos y piernas eran delgados y extremadamente largos al igual que su cuerpo, mediría entre dos y tres metros, sus ojos eran enormes y negros, parecía estar buscando algo, removía los arbustos aquí y allá. Si una persona me hubiese contado lo que yo en ese mismo momento estaba viendo lo hubiese tomado por loco, pero mis ojos no se equivocaban, seguí los movimientos de aquel ser. Me quedé pensando en lo poco que había visto y oído sobre el tema, la mayor parte de cosas, por no decir todas, en las películas, yo no era para nada un entendido en esta materia, me preguntaba si aquellos seres deformes y sin ropa eran más inteligentes que nuestra raza, sus cabezas eran enormes y alargadas. De repente aquel ser miró hacia la zona en la que yo me encontraba,me aparte con un movimiento rápido, era imposible que me hubiese visto, volví a asomarme, ya no estaba, se había esfumado. Salí corriendo de allí, solo había avanzado un poco cuando otro fogonazo de luz me hizo parar en seco, de nuevo los arboles y todo cuanto había a mi alrededor había desaparecido, solo estaba yo en una nada blanca, intenté avanzar, pero me daba la sensación de estar andando sin moverme del lugar. Empecé a sentir calor y al poco me senté sofocado, no sabía que me estaba ocurriendo, pero desde luego ya habían pasado varios minutos, esta luz duraba mucho más que las otras, empezaba a inquietarme no sabía donde estaba ni que me sucedería, por fin a lo lejos vi algo, dos manchas negras que iban haciéndose más y más grandes hasta empezar a cobrar forma humana, eran ellos, los extraterrestres y venían hacia mí, corrí intentando alejarme de ellos, pero no conseguía avanzar, cuando volví a mirar hacia atrás ya no estaban, y no recuerdo nada más, no se que pasó después, cuando abrí los ojos estaba en mi cama, todo estaba como lo había dejado el día anterior, todo parecía haber sido un sueño. Me levanté, en la boca tenía un cierto regusto amargo. Al acercarme a la ventana vi en el alféizar la taza de caldo que estaba tomando anoche y dejé a medias por salir a investigar, estaba confuso empezaba a dudar si todo había sido un sueño, me acerqué a la chimenea, la leña ahora convertida en ascuas aun desprendía un agradable calor, me senté y acerque mis manos para calentarlas, cuando miré hacia el suelo vi el recipiente en el que había metido el extraño objeto, pero ya no estaba allí, lo único que quedaba era un resto viscoso en el fondo del cuenco, no sé que había pasado la noche anterior, pero empezó a rondar una idea por mi cabeza, aquellos seres habían introducido aquel objeto en mí, me desnudé frente al espejo observando minuciosamente cada parte de mi cuerpo, tenía que haber algún tipo de herida que confirmara mis sospechas. Pasé un buen rato observándome la piel, pero no hallé rastro alguno de herida en mi cuerpo. El sonido del teléfono me sacó de mis pensamientos, mi jefe me estaba echando una bronca impresionante, ¿como podía haber olvidado ir a mi trabajo? Salí corriendo de casa con la misma ropa del día anterior y por fin el día de trabajo tenía algo bueno, durante toda la mañana conseguí alejar de mi mente todo cuanto había sucedido, aunque solo duró hasta la hora del descanso. Un compañero se acercó a mí, me preguntó que que me había sucedido en la nuca, lo miré desconcertado. Me excusé de las horas de trabajo que quedaban y me fui corriendo a casa. Con la ayuda de dos espejos comprobé que en mi nuca había una marca, una delgada linea horizontal y enrojecida, similar a un arañazo. Entonces lo supe, era allí donde lo habían escondido. Estaba muy asustado no sabía que era ese objeto y ahora estaba dentro de mí, me senté en el borde de la cama abatido pensando en lo peor, ¿y si acababa muriendo? Me acosté y no quise pensar más en ello. Cuando desperté con el animo por los suelos ya estaba oscureciendo, preparé algo de cenar apenas había comido en todo el día. Comenzaba a estar más tranquilo cuando alguien llamó a la puerta, primero me quedé callado tenía miedo de que fuesen esos seres, pero deseché la idea de inmediato, dudaba que un extraterrestre se molestase en llamar a la puerta, fui hacia la entrada y abrí pensando que encontraría a alguno de mis compañeros preocupado por mi extraña ausencia en el trabajo, pero ni mucho menos, allí ante mí en el umbral de la puerta se hallaba un hombre trajeado y elegante con un sombrero a juego, ni siquiera me dio tiempo a saludarlo cuando el hombre, con libreta y bolígrafo en mano entré en mi casa, empezó a interrogarme, preguntas sobre si había visto por la zona luces, en especial en horas de la noche, yo sabía perfectamente de que estaba hablando, me preguntó si había escuchado sonidos, visto personas merodeando cerca. Lo negué todo, le dije que no había visto ni escuchado nada, solo quería alejarme de todo aquello, ya llevaba bastante carga encima. El hombre, que ni siquiera se había presentado, iba anotando todo cuanto hablábamos, le pedí que saliese de mi casa, me estaba incomodando su presencia, su respuesta fue que estaba en una investigación y debía de recopilar toda la información que le fuese posible, echó un vistazo a la casa mientras yo le decía que no tenía nada que ver con ningún tipo de investigación, el hombre hizo caso omiso y siguió rondando por la casa, empezaba a estar muy molesto cuando el tipo se paró en seco frente a la chimenea, se quedó observándola y yo a el sin saber que hacía ahí plantado cuando caí en la cuenta de que allí delante seguía el recipiente con los restos viscosos del objeto que esos extraterrestres habían implantado en mí, mi corazón se aceleró, como ya he dicho no soy un entendido en estas materias pero si he visto bastantes películas de este genero y por eso supuse que el objeto estaba en mi cuerpo al igual que llegué a la conclusión de que el gobierno, los llamados hombres de negro, irían a por mí, ¿que les importaba si una persona como yo desaparecía de la faz de la tierra?, seguramente me torturarían para sacar información o harían experimentos conmigo para averiguar que era lo que me habían metido esos seres. Empecé a sudar, el miedo se estaba apoderando de mí cuando el hombre se dio la vuelta, me miró y me dio las gracias por haber sido tan paciente, luego desapreció por la puerta. Mi reacción fue ir corriendo a la ventana y asomarme con mucho cuidado, vi como el hombre montaba en un coche negro, a su lado otro hombre igualmente trajeado, los dos intercambiaron unas cuantas palabras y luego el coche fue desapareciendo por el camino de entrada. Por un momento respiré aliviado, pero eso no podía ser todo, seguramente esos tipos volverían, me senté a organizar mis pensamientos, de lo que estaba seguro era de lo que había visto la noche anterior, y la idea de que en mí aquellos seres habían metido un objeto estaba muy fijada, también estaba seguro de que ese tipo y su compañero eran agentes del gobierno y de lo que más convencido estaba era de que aun no había acabado la historia, esos hombres volverían y sabía que si no era a las buenas me llevarían con ellos a las malas, quizá vivía una vida mediocre, aburrida, sin sobresaltos, pero no estaba dispuesto a arriesgarme a morir.
Pocas horas después ya había preparado las cosas necesarias para vivir una temporada fuera, tentado estuve de avisar a mi jefe y compañeros, pero lo descarté al pensar que me pedirían explicaciones de mi partida y quizá aquellos hombres les intentasen sonsacar donde me encontraba, así que me cargué la mochila al hombro y salí de allí.
Estuve viajando durante tres semanas, haciendo auto stop, acampando en los bosques de los alrededores, y de vez en cuando alquilando alguna habitación en la que asearme, comer algo caliente y descansar decentemente por unas horas.
Una mañana almorzando en un café de un pequeño pueblo, al que había llegado la noche anterior, y leyendo el periódico me topé con mi foto en él, comencé a leer el articulo, no podía ser... me acusaban del asesinato de una familia a la que no conocía y en un pueblo al que jamás había oído nombrar, pagué la cuenta y salí corriendo de allí, no me había equivocado aquellos hombres estaban detrás de mí, todo el puto gobierno estaba persiguiéndome y toda la gente creería que era un despreciable asesino, esa gente había arruinado mi vida para siempre y no les bastaba con eso, estaba seguro de que no pararían hasta atraparme y torturarme o diseccionarme.
Conseguí huir durante unos días más pero la noticia de mi falso homicidio se había extendido por todas partes, y llegó el día en que me pillaron. Intentaba mantenerme alejado de los pueblos y ciudades, pero a veces me era imposible, aquel día alquilé un pequeño cuarto en un motel de mala muerte, era lo único que podía permitirme, mis ahorros habían bajado significativamente desde mi partida. El dueño que me alquiló la habitación debió de reconocer mi cara en el periódico o quizá en las noticias, al atardecer una patrulla de policías tenían rodeada la puerta de mi habitación y me pedían que saliese con las manos en alto, todo esto me estaba pareciendo surrealista, me precia estar en un rodaje de esas anticuadas películas de serie B, no tenía más remedio que obedecer.
Me trasladaron a los calabozos del pueblo, pocas horas después aparecieron dos tíos igualmente trajeados a los que se presentaron aquel día en mi casa, me pidieron amablemente que les acompañase, me monté en la parte trasera de su JEPP negro, no dudaron en quitarme las esposas, simplemente me dijeron que necesitaban trasladarme a su central para hacerme un interrogatorio, yo no sabía que me esperaba, ni si quiera si saldría vivo de aquel lugar al que me dirigía.
Comenzaron a tomar carreteras secundarias, cada vez más alejadas de los pueblos, hasta que hubo un momento en el que ya no se divisaba un solo coche a excepción del nuestro, seguimos avanzando unos cuantos kilómetros más, estaba anocheciendo, yo ya temía que en cualquier momento parasen el coche, me obligasen a bajar y me pegasen dos tiros abandonando mi cadáver en aquel desierto, pero no fue así. Llegamos a una especie de base militar completamente vallada, había distintos edificios en su interior, era algo enorme, se extendía hasta perderse de vista, había muchos hombres con uniforme militar y armados hasta los dientes. Entramos en el recinto y seguimos avanzando hasta llegar a una enorme nave de hormigón con escasas ventanas, los hombres bajaron del coche y me abrieron la puerta, bajé suponiendo que aquel recinto era un lugar de tortura para extraer información, nos dirigimos a unas enormes puertas de entrada a la nave, bien custodiadas por dos enormes hombres armados. Los hombres de negro enseñaron lo que supuse serían unos pases y por fin entramos, el corazón me latía desbocado, lo que esperaba encontrar era unos cuantos matones con una silla reservada para mí al lado de un banco repleto de instrumentos de tortura, para mi alivio no fue así. Después de pasar unas cuantas puertas al fin llegamos a lo que parecía un enorme laboratorio, la mayoría de las personas que rondaban por allí iban vestidos con batas blancas y gafas de protección. Se nos acercó un tipo con uniforme elegante, el pecho lleno de medallas del ejercito y una gorra como en las películas, me tendió en la mano y yo se la estreché, los hombres que me habían acompañado hasta allí desaparecieron entre las demás personas. Empezaba a calmarme un poco, parecía que aquello que me había imaginado no iba a suceder, quizá podía conservar mi vida. Aquel hombre, llamado “el coronel” se disculpó por haber dado un falso aviso a la prensa para poder dar conmigo, me estuvo contando que habían avistado seres de otro planeta por la zona en la que yo vivía, que estaba al corriente de todo cuanto me había sucedido y necesitaba mi versión de los echos. Lo acompañé a un cuarto apartado, me sirvió un café, ya hacía tiempo que no tomaba un buen café, debió de verme echo polvo por que me ofreció una habitación, comida, ducha y ropa limpia después de que acabásemos con el interrogatorio, acepté pues necesitaba una ducha y un buen descanso. Puso una grabadora sobre la mesa y las preguntas comenzaron, las primeras fueron de rutina supongo, como me llamaba, la edad que tenía, si había familiares enterados de lo sucedido, después comenzó a preguntarme sobre que había visto, le relaté la historia, el coronel ni se inmutó con las cosas que le iba contando, supuse que yo no sería el primer caso que tenían, el hombre pareció interesarse mucho más en la parte que relaté sobre mi suposición en que aquellos seres habían metido algo extraño en mi cuerpo, el hombre esperó pacientemente a que yo acabase mi relato y entonces se puso en pie para examinarme el cuello, noté como pasaba uno de sus dedos por mi cuello, supuse que siguiendo la linea roja que aun debía de llevar marcada, extendió ese dedo hacia mi cara y me costó comprender por un momento,, tenía el dedo manchado de la misma sustancia que dejaba el objeto que estaba seguro de tener en mi interior, le miré incrédulo, esperando a que me diese una respuesta, lo único que dijo fue que debía de someterme a una operación para sacar aquella cosa de mí y de nuevo me entró el pánico, pensé que era una escusa para experimentar conmigo como si fuese una rata de laboratorio. Después de negarme aquel hombre salió de la sala dejándome solo, empecé a pensar, estaba confuso, no sabía si aquel hombre decía la verdad o si era una estratagema para estudiarme, llevaba algo alienígena en mi cuerpo, no sabía que efecto causaría eso sobre mí. De nuevo el hombre entró en la pequeña sala interrumpiendo mis pensamientos, traía consigo una carpeta que dejó ante mí, me dijo que era prioritario extirpar aquella cosa que me habían implantado. Abrí la carpeta, allí habían fotos, fotos de personas sobre mesas quirúrgicas, tenían la nuca abierta y allí se podía ver el objeto que yo también tenía, solo que a ellos aquella cosa se les había pegado hasta el hueso, ya no tenía una forma ovalada, mas bien estaba como derretido, cerré la carpeta, no podía seguir viendo aquellas imágenes. De nuevo el coronel se dirigió a mí, dijo que por ese motivo era urgente que me sometiese a la operación, supongo que vio mi cara de incredulidad ya que empezó a contarme más cosas sobre el tema. Aquella cosa que yo llevaba en mi interior era una especie de transmisor, se ajustaba a la columna vertebral y almacenaba toda la información de los movimientos y comportamientos de los seres humanos, por desgracia nuestro cuerpo lo asimilaba como una fuente extraña y lo atacaba para expulsarlo del organismo, lo cual provocaba que aquella cosa empezase a perder su forma ovalada y a adherirse a la columna por lo que empezaba a provocar fallos en el sistema humano, llevando a la muerte a aquel que lo llevase implantado, por suerte yo aun estaba dentro del periodo en el que se podía extirpar, al principio todo me pareció surrealista, pero con todo lo que me había pasado ya estaba dispuesto a creérmelo todo, por eso acabé cediendo a someterme a la operación, no quería morir. Después de acompañarme hasta una sala que parecía una habitación de hotel, el coronel desapareció. Pude tomar una ducha y luego me tumbé sobre la cama esperando a que viniesen a por mí, aquel hombre había dicho que no tenía de que preocuparme, que todo saldría bien, que estaba dentro del plazo y que aquel transmisor aun estaba intacto. Por fin dos hombres vinieron a buscarme me acompañaron hasta una sala, realmente aquello parecía un hospital, poco después entré en la sala quirúrgica, me tendí sobre la camilla como me indicaron, me pusieron una mascarilla y me inyectaron dos cosas en el brazo derecho, a partir de ahí todo empezó a volverse negro. Me vi a mi mismo sentado en una silla, miraba la televisión, luego vi que algo se acercaba por detrás, era una de aquellas criaturas, alargaba su mano hacia mí, intenté gritar para avisar a mi yo sentado de que tuviese cuidado, pero mi voz no salia, aquella mano se posó sobre mi hombro, comencé a sentir calor, una especie de bienestar, de tranquilidad, y se me pasó por la cabeza que quizá aquellos seres no eran malvados, a fin de cuentas solo querían estudiarnos, pero entonces ¿por que después de recibir la información no nos quitaban aquellas cosas?, ¿por que nos dejaban morir?. La visión había cambiado, ya no me veía a mi mismo, estaba en el bosque donde había comenzado todo, era de noche y hacía frío, vi un fogonazo de luz y de repente desperté en mi casa, de nuevo me veía a mi mismo, dos hombres trajeados de negro, como los que vinieron a hacerme la visita aquel día, me llevaban a rastras hasta mi cama, me tumbaban boca abajo y con un bisturí me hacían una pequeña marca en forma horizontal a la altura de la nuca, vi como aplicaban unas gotas de un suero color rojo que impregnaban la herida, después se dedicaron a limpiarla y se marcharon. Me acerqué a mi cuerpo y lo observé, ningún alienígena había tocado mi cuerpo, mi mirada se dirigió a la chimenea, el objeto no estaba, seguro que aquellos hombres se lo habían llevado. Comencé a asimilar las cosas, como si alguien estuviese susurrando la verdad a mi oído, todo había sido una estratagema del gobierno, aquellas luces blancas no eran cosa de los extraterrestres. El gobierno había avistado el ovni y preparó una trampa, las luces, necesitaba capturar a aquellos seres para estudiarlos, por eso intentaron cegarlos con las luces, pero yo me entrometí, solo pasaba por ahí, pero vi a uno de los seres y eso al gobierno no le interesaba por eso me hicieron creer que los alienígenas habían experimentado conmigo, para poder atraparme y tenerme controlado, pero entonces ¿por que esta operación?, la voz siguió contándome, me estaban implantando un chip de localización, ya no podría escapar de allí, me había metido en la boca del lobo... pero ¿y aquel objeto ovalado y viscoso no era extraterrestre?, algo me dijo que sí, aquel ser que vi lo estaban buscando, intentaba recuperarlo. De nuevo todo se volvió negro, no volví a escuchar aquella voz que me hablaba tan suavemente. Desperté en la habitación sobre la cama y a mi lado un buen desayuno, la verdad es que estaba hambriento y no dudé en comer, cuando terminé me asomé a la puerta, el pasillo estaba desierto, caminé por el, aquello parecía un laberinto, me crucé con varios hombres vestidos con batas blancas, pero ni me miraron, seguí caminando y empecé a escuchar de nuevo la voz del sueño, pero solo dijo una palabra “derecha” y sin saber por que obedecí y giré a la derecha, aquella voz me iba guiando y yo seguía sus ordenes, hasta que llegué a una sala enorme con un ventanal acristalado, detrás de aquel ventanal vi tipos de plantas y flores impresionantes, enormes, que se movían solas, de colores muy llamativos, también había insectos grandes y raros sobrevolando la vegetación. Vi una especie de lagarto que mediría más o menos como el brazo de un hombre adulto de color azul que saltaba entre las plantas con una agilidad increíble, estaba fascinado, mis ojos no se despegaban de aquella belleza de colores impresionantes y entre la maleza distinguí unos ojos enormes y negros, la voz volvía a hablar, me susurraba “no tengas miedo” y poco a poco aquellos ojos fueron saliendo de entre la maleza dejando a la vista a aquel ser que yo ya había visto, retrocedí dos pasos y al hacerlo la criatura también retrocedió, yo no apartaba la vista de aquel ser, de nuevo me acerqué al cristal y muy lentamente aquella cosa también se acercó, por fin podía observarlo de cerca, era muchísimo más alto que yo, tenía la piel lisa sin ninguna arruga y su minúscula boca desentonaba en él. Supe de quien era la voz que me había guiado hasta allí, aquel ser se sentó en el suelo para estar a mi altura, no movía sus labios pero sus palabras resonaban en mi mente, me pedía que por favor lo liberase, me vi hablando sin mover los labios yo también, le dije que yo no sabía como hacerlo, aquel ser entendía mis pensamientos pero ¿como?, su respuesta fue que por que yo había tocado a su cría, no entendía, pero él me explicó que a lo que yo llamaba objeto ovalado para él era su descendencia y podía entenderlo gracias a que su cría, antes de morir, había transmitido sus ultimas fuerzas a mi ser, aquel brillo y calor que desprendía al contacto con mi mano, eso era lo que me había transmitido, de repente la criatura se puso en pie y huyó hacia el interior de aquella selva, yo me quedé mirando, aun pensando en todo aquello que me había contado cuando de repente algo apoyó su mano en mi hombro, pegué un brinco y miré asustado, era solo aquel hombre, el coronel, me dijo que no debería de estar allí, por un momento pensé que lo sabía todo, que había oído la conversación entre el ser y yo, pero no fue así, pedí disculpas y me inventé la escusa de que me había perdido, en el fondo no era tan escusa ya que no sabía volver a mi habitación, el coronel se quedó mirando el cristal y algo pensativo dijo que eran criaturas horrendas y malvadas, que no les permitiría apoderarse de nuestro planeta, acto seguido se giró hacia mí y me observó el cuello, en su cara se reflejó la satisfacción, no me molesté siquiera en preguntarle cuando volvería a casa pues ya sabía la respuesta, nunca. El hombre me acompañó de nuevo a mi habitación me dijo que me proporcionarían todo cuanto necesitase y desapareció.
Por la minúscula ventana de la habitación entraba la oscuridad de la noche, me tendí en la cama, habían dejado en la mesita una nueva bandeja con la cena, pero no sentí apetito para comer, me quedé observando el techo pensando en todo lo que había sucedido, estaba claro que aquellos seres no eran los malos en esta película. De nuevo aquella voz me asaltó en mi cabeza, me preguntó si lo ayudaría a escaparse otra vez, mi respuesta fue la misma, yo no podía ayudarlo, le dije que ni yo mismo podía salir de ahí, su única respuesta fue “si tu me ayudas yo te ayudo” no tenía nada que perder, según todo cuanto salia en las películas o programas sobre alienígenas aquellos seres eran mucho más listos que nosotros los humanos, así que le respondí que le ayudaría, que yo también deseaba salir de allí, su despedida fue un “gracias”.
Dormí realmente bien, a pesar de saber que en realidad estaba encarcelado por el mismísimo gobierno, sentía que había una persona, mas bien un ser en el que si podía confiar, estaba seguro de que aquella raza, venida desde tan lejos, era una raza bondadosa y pacifica, su voz era dulce y cálida, en cambio el ser humano, con el que he convivido toda mi vida, era un ser avaricioso, mezquino, malvado, era una sensación extraña.
Cuando desperté por la mañana ya tenía una bandeja con el desayuno sobre la mesita de noche, me sentía de un humor estupendo para todo lo que me estaba pasando, desayuné tranquilamente y esperé a que el ser contactase conmigo, así fue poco después la voz volvió a resonar en mi cabeza, de nuevo me guió hasta aquella sala y pude verlo otra vez, me dijo que de noche la guardia que había era mucho menor en numero, que aprovecharíamos durante esas horas para robar un arma y poder así romper aquel cristal, a mi en principio todo aquello me pareció de película yo no me veía capaz de hacer tal heroicidad, pero aquella criatura me miraba con sus ojos llenos de esperanza, o esa era la sensación que me daba al mirarle, comprendí que al igual que yo, aquel ser también quería volver a su hogar. Me quedé un rato en aquella sala con él, le conté cosas de mi pasado, de mi infancia y él me relató cosas de su planeta, su raza solo comía los vegetales que cultivaban, había mucha variedad de animales y plantas, todo era colorido y frondoso, tenían un clima húmedo, todos ellos se ayudaban entre sí, no existían rivalidades como entre los humanos, no existían rasgos de jerarquía, nadie mandaba sobre nadie, vivían en paz y armonía, respetándose entre ellos y a cuanto les rodeaba. Sus crías nacían de esos huevos viscosos, no se distinguían por sexos, no sabían que era un macho o una hembra, cada uno de ellos nacía con un huevo dentro de su vientre, cuando sentían que estaban preparados hacían una pequeña incisión y extraían el huevo, debían de cuidarlo por unos meses, llevarlo allá donde ellos fuesen, siempre a su lado y darle su calor, la cría eclosionaba al cabo de unos meses y se desarrollaba muy rápido. Me contó que cuando él y su compañero habían aterrizado en la tierra, tenían una misión, era su deber el llevar información sobre la vegetación y los animales que reinaban nuestro planeta. Al sentirse preparado tuvo que extraer el huevo pero al poco comenzaron los fogonazos de luz, se asustaron y los dos corrieron separándose, pero en la huida el perdió a su cría y su compañero no volvió, lo habían capturado, volvió a buscarlo a la noche siguiente, pero el gobierno lo esperaba y consiguieron capturarlo a él también, comprendí por su mirada que aquella perdida sería un dolor que le acompañaría de por vida, para él, al igual que para nosotros, perder un hijo era algo muy doloroso.
Hablando con él se me pasó el tiempo volando, regresé a mi cuarto gracias a las indicaciones de su voz, las tripas me rugían, la bandeja con la comida que reposaba sobre la mesita ya hacía rato que estaba fría, pero no le hice ascos, después de comer dormí un buen rato.
Transcurrieron unos cuantos días más, yo siempre esperaba a que aquel ser contactase conmigo y cada día sin excepción lo hacía, me pasaba horas en aquella sala junto a él, siempre separados por aquel cristal. Siguió contándome cosas sobre su vida y su planeta, me explicó las clases de animales peligrosos y los que convivían con ellos y yo a cambio le contaba cosas sobre nuestra existencia, después de todo no eramos tan distintos, en el fondo sentía empatía por aquella enorme y grisácea criatura de carácter bondadoso.
Por fin una noche me despertó su voz, había llegado el día de la fuga, aprovechando que esa noche la vigilancia era mínima, ya que la mayor parte del personal tenía permiso para pasar las fiestas con su familia y solo quedaba un reducido grupo que se quedaba en las instalaciones, me levanté algo inseguro, estaba nervioso, podía morir, bastaba con que alguien me viese y me pegase un tiro, avancé por un sin fin de pasillos guiado unicamente por la voz de mi amigo, por suerte no me crucé con nadie, las instalaciones parecían estar desiertas, entré en una sala que para mi sorpresa era en la primera que había estado, donde el coronel vino a saludarme por primera vez,, la voz me guió hasta el fondo de la sala, todo estaba cubierto de artilugios de los que jamás hubiese podido adivinar su utilidad. Yo iba relatando cada uno de ellos al ser y su respuesta siempre era negativa, ninguno de aquellos era el arma que necesitábamos para poder huir, seguí mirando, había desde cosas diminutas como un botón hasta artilugios tan grandes como yo mismo, di con algo que me llamó la atención, estaba sobre una estantería, tuve que ponerme de puntillas para conseguir alcanzarlo, era una caja metalizada muy brillante y mediría aproximadamente un metro de largo, la puse sobre el banco y la abrí, pensaba que me costaría más, que tendría que buscar una llave para poder abrirla, pero la tapa se levantó al instante, en su interior había unas cuantas rocas de color canela con diminutos puntos grises, cuando se lo describí la voz de mi cabeza pareció entusiasmarse, no era lo que estábamos buscando pero dijo que seria de mucha ayuda, así que las guardé en mis bolsillos y dejé la caja tal y como la había encontrado, seguí explorando durante un rato más, con miedo de que alguien apareciese tras de mí, por suerte no fue así, poco después di con el objeto que necesitábamos, era una especie de guante, claramente hecho a medida de mi compañero ya que solo tenía cuatro dedos y era extremadamente grande, quedé algo decepcionado yo pensaba que se trataría de un arma alienígena parecida a una enorme pistola similar a las que se ven en muchas películas, lo cogí y me apresuré en llegar hasta la sala donde él estaba, me esperaba tras el cristal, vi que en su mano llevaba una planta de color azulado con unas enormes hojas, me dijo que me colocase aquel artilugio con forma de guante, quedaba un tanto ridículo, puse una mano sobre el cristal como él dijo y empujé, al principio no sucedió nada luego empecé a notar algo bajo la mano, el cristal se estaba rajando, las grietas comenzaron a extenderse y en un instante se hizo añicos, el corazón se me encogió al oír aquel estruendo de cristales, el ser salió por aquel enorme agujero, parecía sonreírme, me pidió el guante y yo se lo di. Mientras escapábamos de allí me contó que aquel guante aumentaba de manera desmesurada la fuerza para mover objetos grandes y pesados o eliminar obstáculos.
Mientras huíamos oímos pasos y gritos detrás nuestro, yo intentaba ir a la misma velocidad que aquel ser pero me era imposible sus piernas no solo eran más largas si no que era más rápido que yo, aunque notaba que de vez en cuando aquel ser reducía su velocidad y esperaba hasta que yo me ponía a su altura. Los gritos de los guardias seguían multiplicándose, el alienígena comenzó a partir unas cuantas de aquellas hojas azules y las lanzó detrás nuestro, me dijo que en unos segundos comenzarían a provocar un olor muy fuerte que dejaría inconsciente por unos cuantos minutos a quien lo aspirase, seguimos corriendo pero se oían gritos unos cuantos pasillos por delante, entonces el ser me dijo que sacase una de aquellas piedras, se la di y el la lanzó contra el suelo, la piedra se rompió en fragmentos tan minúsculos que formó una espesa capa de polvo impidiendo ver más allá de nuestras narices, aquel ser me agarró por el brazo y puso la mano en la que llevaba el guante sobre una de las paredes, los gritos se acercaban y parecía no suceder nada pero entonces unos pequeños chasquidos sonaron y al momento un enorme boquete apareció en el grueso hormigón, salimos corriendo, aquel ser tiraba de mí, habíamos conseguido salir de la nave pero aun estábamos en el interior del recinto, había guardias por todas partes, nos escondimos tras unas pequeñas construcciones, que parecían almacenes sin ventilación, los guardias estaban como locos de aquí para allá, los gritos no cesaban. Nos desplazamos sigilosamente hasta las vallas que rodeaban el recinto, estaban electrificadas, ya había perdido la esperanza cuando aquel ser con el guante levantó la valla, la electricidad parecía no afectar al material con el que estaba hecho el guante, había un agujero por el que yo cabía perfectamente, pasé por el agujero siguiendo las indicaciones de mi compañero, me quedé al otro lado mirando a aquella cosa que en tan pocos días había ganado mi amistad, vi como su mano bajaba la valla, por un momento me quedé con la boca abierta, entonces él me explicó que el guante únicamente aumentaba la fuerza de su portador pero no protegía de la electricidad, se lo quitó y la piel de su mano estaba como carbonizada. Recordarse siempre las ultimas palabras que me dedicó: “Mi camino termina aquí, yo no puedo escapar, lo he perdido todo, mi cría, mi compañero, mi medio de transporte, aunque consiguiese escapar no tendría a donde ir, pero tú puedes marcharte, intentar vivir de nuevo y olvidar todo lo malo, solo te pido que me recuerdes, por que nadie más lo hará” dicho esto me lanzó el guante a través de la valla que aterrizó a mi lado, “Este artilugio junto con las piedras te servirán de más ayuda a ti que a mí, y ahora vete y vive”. Yo no soy una persona que llore por cualquier motivo pero aquella noche escapé del lugar sin mirar atrás y con los ojos llenos de lagrimas.
Han pasado unas semanas desde aquella despedida, no sé que habrá sido de aquel ser, no sé si seguirá vivo y retenido o si habrá muerto a manos de aquellos monstruos, tampoco sé cuanto tiempo tardarán en cogerme a mí, pero jamás olvidaré todo cuanto sucedió esos días ni a aquel amigo venido de otro planeta que cambió mi forma de ver y apreciar el mundo en el que vivo.
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