Aquel día cometimos un error fatal, debimos haber parado cuando tuvimos ocasión, haber vuelto a casa, por aquel entonces solo eramos niños de 12 años, curiosos y entrometidos, pero al poco comprendimos nuestro error.
Todo comenzó una tarde al salir de escuela, fuimos a un parque cercano, nuestras madres siempre nos advertían que no nos quedásemos hasta tarde, solíamos obedecerlas, pero aquella fatídica tarde nos encontramos un pequeño cachorro de labrador color canela con un collar negro y una placa en forma de hueso que rezaba “Boby”, parecía que alguien lo había perdido, así que lo cogimos y estuvimos dando vueltas por el parque en busca de un dueño preocupado, el tiempo iba pasando y con el las horas de luz. Nosotros ni siquiera nos dimos cuenta de la oscuridad que comenzaba, el parque estaba tenuamente alumbrado por un puñado de farolas viejas y corroídas por el tiempo.
Pasamos por al lado de unos arbustos frondosos cuando de repente el perro se revolvió y escapó de los brazos de mi amigo sin que pudiésemos hacer nada para evitarlo, corrimos tras él, lo buscamos entre los matorrales sin ningún resultado, había desaparecido. Caminamos un poco más y nos paramos al escuchar un ruido tras nosotros, los tres nos giramos esperando ver al pequeño cachorro, pero solo había una minúscula mancha en el suelo, nos miramos sorprendidos, antes no estaba ahí, de eso estábamos seguros, nos acercamos con miedo, mirando en todas direcciones, preocupados por si en cualquier momento salia algo que nos estuviese acechando, no andábamos muy equivocados, dicen que los niños tienen demasiada imaginación, que ven cosas que no existen, que se dejan llevar por las pesadillas, pues bien, nuestras pesadillas, nuestros miedos, se hicieron reales frente a nuestros ojos. Algo empezó a moverse a un lado, tras el árbol y los setos que lo rodeaban, nos quedamos mirando muy atentos, con nuestros corazones latiendo desbocados, parecía que algo se rompía, como si alguien tras los arbustos estuviese agachado, escondido, partiendo pequeñas ramas secas, de repente algo salió disparado y voló hacia nosotros. Los tres, asustados, dimos un respingo hacia atrás, ante nuestros pies cayó el cuerpo del pequeño cachorro de labrador todo ensangrentado, con una posición poco natural. Los tres nos quedamos inmóviles, no teníamos valor para salir corriendo, estábamos aterrados...
El pequeño cachorro aun emitía algún sonido, pero muy apagado, estaba muriendo desangrado, sentí arcadas pero me contuve. Algo llamó nuestra atención, los setos continuaban moviéndose, comenzaron a sonar unos suaves murmullos y vimos como el seto empezaba a abrirse y de el iba saliendo una pata negra recubierta de pelo y esquelética acabada en una enorme garra de dedos largos y puntiagudos que iban retorciéndose a medida que avanzaba, al momento salió otra garra idéntica, deberíamos haber huido, pero estábamos tan aterrados que nos parecía imposible salir corriendo, y mientras tanto esa cosa seguía avanzando, empezó a asomar su enorme cabeza, también negra y cubierta de pelo, los pelos estaban mojados y pegados a la carne, daba el efecto de estar cubierto de piel putrefacta, como corroído por algún tipo de enfermedad. Sus ojos eran de un color rojo sangre, parecían estar vacíos, su mirada estaba fija en los tres, de su boca entreabierta asomaban unos enormes dientes amarillentos acabados en punta y una lengua babeante y oscura que colgaba sin vida. Su cuerpo seguía arrastrándose y saliendo de los arbustos que lo habían ocultado. Sus patas traseras idénticas a las delanteras causaban un efecto de deformidad. Su cuerpo era alargado y muy delgado, tenía rasgos humanos pero mediría más de dos metros piernas y brazos eran extremadamente largos al igual que su cuerpo. Parecía que solo había huesos bajo su piel negra y enferma, no sé por que pero en ese instante se me antojó que esa criatura se parecía a Gollum, un personaje de “El señor de los anillos”, solo que mucho más aterrador, deforme y grande.
Miré a mis amigos, estaban como en otro mundo, tampoco ellos reaccionaban, los tres estábamos paralizados, ambos tenían las caras surcadas de lagrimas, me pregunté si yo estaría igual...
La criatura seguía avanzando muy lentamente, parecía que le costaba mover sus extremidades, puse todo mi empeño en dejar de mirar a ese ser, pero era casi imposible, me costó apartar la mirada de sus ojos y su cuerpo, pero conseguí hacerlo y poco a poco también conseguí mover mis piernas e ir retrocediendo, era como si al dejar de mirarlo, mi cuerpo saliese de un hechizo causado por esos ojos ensangrentados.
Mis compañeros seguían inmóviles, les susurré que dejasen de mirarlo, pero era como si no me escuchasen, permanecí junto a ellos, unos pasos por detrás. Mí nerviosismo aumentaba por que veía como las patas de la criatura avanzaban hacia nosotros, no quería volver a mirar su rostro por miedo a quedar de nuevo inmóvil,. Agarré el brazo de uno de mis compañeros pero estaba totalmente rígido, sus ojos perdidos en los de la criatura, no conseguía despertarlo de aquella fijación. Empecé a notar el sudor frio recorriendo mi cuerpo, o salia de ahí o sería mi final.
Dicen que cuando estás a punto de morir ves pasar toda tu vida ante tus ojos, no lo sé, en aquel momento solo me asaltaron las imágenes de mi madre en la cocina preparando una rica cena, mi padre en su sofá en la sala de estar con el periódico del día entre sus manos, y mi hermano pequeño sentado en su silla esperando la atención de mi madre, mi querido gato tumbado frente a la chimenea, durmiendo plácidamente. Tenía claro que no quería morir, quería que todo aquello solo fuese una pesadilla, quería volver a casa con mi familia.
Muchas veces me habían dicho que era un niño con demasiada imaginación, que me perdía en mis mundos, que aquello a lo que temía solo estaba en mi mente. Muchas veces me negaba a bajar al sotano, pues imaginaba que allí vivía un ser oscuro, que acechaba, esperando una oportunidad para devorar a su presa, pero esto no era una imaginación, de eso estaba seguro, nunca hubiese sido capaz de imaginar semejante criatura tan horrenda, y allí estaba yo, con mis compañeros, los tres a punto de morir, y en lo único que podía pensar era en las criticas sobre mis fantasías y en volver con mi familia. Mientras tanto la criatura lenta pero firme avanzaba hacia nosotros, cuando la miré de nuevo, sus patas estaban tan cerca de nosotros que casi me caigo hacia atrás, pero aguanté inmóvil. Aquel ser comenzó a incorporarse hasta quedar sobre sus dos patas traseras, entonces sentí aquel repugnante olor a cloaca, a podredumbre que me envolvió por completo y a punto estuve de vomitar, cuando quise darme cuenta aquella criatura había cogido a uno de mis compañeros, las garras se le habían clavado en el costado y su ropa comenzaba a cubrirse de sangre, pero ni un solo sonido salió de su boca, parecía no sentir dolor, pero cuando le miré la cara su expresión me causó más miedo que la propia criatura, es algo que jamás podré olvidar, aquel rostro de niño, de amigo, desencajado por el terror. Evité mirar los ojos de la criatura, pero vi como su lengua pasaba por la cara y el cuello de mi amigo, vi sus dientes amarillentos brillar a la luz de las farolas y aparté la mirada cuando empezó a devorar el brazo del niño, vi como la sangre goteaba por el suelo. No aguanté más, salí corriendo, abandoné a mis compañeros, corrí todo lo que pude sin mirar atrás, me daba miedo volver la vista y ver que aquella cosa pestilente corría tras de mí, temía quedarme de nuevo paralizado y morir, solo quería irme a casa, subir a mi habitación y olvidarme de lo sucedido, y eso hice.
Al llegar a casa rehusé la cena, me metí en mi cama y me cubrí hasta la cabeza, las imágenes que veía ante mí,esa horrible criatura, devorando la carne de mis amigos, yo los había abandonado, se que no hubiese podido hacer nada por ellos, pero me sentía un cobarde por haberlos abandonado.
No sé como pude quedarme dormido pensando en mis compañeros, pero esa noche soñé con cosas horribles, soñé con lugares oscuros, criaturas que se alimentaban de carne humana, cadáveres tirados por la carretera.
Cuando desperté recé para que todo hubiese sido una cruel pesadilla, ese día al asistir a clase, mis amigos, aquellos a los que abandoné, no se presentaron.
La curiosidad pudo conmigo y al acabar las clases fui al parque, me sentía algo más seguro, con la claridad de la tarde había personas paseando a sus mascotas y haciendo deporte, creí que no pasaría nada mientras la oscuridad no saliese de su escondite. Fui hasta la zona en la que había ocurrido todo la noche anterior, no había nada, solo una mancha oscura en el camino de tierra, miré desde lejos los arbustos, la gente pasaba tranquilamente por la zona, pisando aquella mancha que el suelo de tierra había filtrado, sin sospechar que era o lo que había pasado unas horas antes. Tragué saliva y me acerque a los arbustos, esperaba encontrar los cuerpos de mis amigos o del cachorro escondidos, nada, no había rastro alguno de ellos, volví sobre mis pasos y regresé a mi casa.
Poco después supe que las familias de mis amigos habían dado por secuestrados a sus hijos, la policía estaba investigando, mi madre me advirtió que no saliese, por mi mente pasó el ir a comisaria, decir todo cuanto sabía, pero enseguida lo descarté, no me creerían, los monstruos solo existen en nuestra imaginación o eso es lo que me repetían constantemente mis padres, pero no podía dejarlo correr como si nada hubiese pasado, tenía que hacer algo, averiguar que era esa criatura como mínimo.
Lo único que se me ocurrió fue visitar la biblioteca esperando encontrar alguna similitud con seres mitológicos, miré libro tras libro, imagen tras imagen, agoté todos los libros sin encontrar ni una sola coincidencia, estaba a punto de irme derrotado a mi casa cuando le pregunté a la bibliotecaria si no tenía algún libro de tipo similar, parecía estar inmersa en unos papeles, así que sin mas me dio la llave del almacén de libros retirados y sin mirarme dijo que lo buscase. Bajé las escaleras hasta el sótano, recorrí un largo pasillo hasta llegar a una puerta desconchada por el tiempo con un rotulo que rezaba “almacén descatalogados”, abrí la puerta y busqué a tientas la luz, olía a humedad, todo el almacén estaba lleno de estanterías con miles de libros cubiertos de polvo. Me puse a mirar, después de un rato por fin encontré unos cuantos libros sobre el tema, pero al mirar mi reloj me di cuenta de que pronto anochecería, no quería tener que regresar a casa cuando las calles estuviesen oscuras, pero tampoco podía sacar los libros de la biblioteca si eran descatalogados, cerré la puerta tras de mí, recorrí el pasillo y subí las escaleras, me acerqué al mostrador escondiendo a mis espaldas tres libros del almacén, dejé sigilosamente la llave en el mostrador, la bibliotecaria seguía tan inmersa en sus papeles que no se dio cuenta de mi presencia, salí corriendo y no paré hasta llegar a mi casa. Por la noche empecé a mirar los libros y sus imágenes sin mucho éxito. Uno de los libros que había cogido parecía muy antiguo, sin imágenes y escrito a mano, me pareció interesante el titulo en su lomo “Criaturas de la noche”, también escrito a mano, era como una especie de diario, lo cogí en ultimo lugar, después de haber revisado los otros sin ninguna suerte ni coincidencia. Comencé a leerlo, me costaba un poco entender aquella letra tan cursiva y temblorosa. Comenzaba explicando que hay criaturas que solo salen en determinados días y a determinadas horas, pero todas salen de noche, daba los nombres de dichas criaturas, describía su aspecto, su comportamiento... me resultó muy raro, ¿como alguien podía escribir un libro así?, ¿sería simplemente alguien con una imaginación desbordante?, ¿o es que acaso todas las criaturas que se relataban en aquella especie de diario existían de verdad?.
Por fin di con un tipo de criatura, la descripción que daban de aquel ser era idéntica a la cosa que yo había visto y que había matado a mis compañeros, su nombre era Shadgar, esa una criatura que se alimentaba de carne, vivía en las cloacas y dormitaba la mayor parte del año, solo salia de su escondrijo en los últimos días de otoño para buscar presas de mayor tamaño que luego utilizaba como recipientes para incubar sus larvas, su descendencia. Era una criatura nocturna, algo torpe y demasiado grande por lo que no era capaz de controlar bien sus extremidades, no era extremadamente ágil pero si muy inteligente y una de sus características más notables era paralizar a sus victimas con aquellos ojos rojos. Desprendía un olor nauseabundo y aunque a simple vista no lo parecía, su piel estaba cubierta de un corto y áspero pelaje de color negro similar al de los jabalis. Sus patas acababan en unas manos, con cierto parecido a las de los humanos, solo que sus dedos eran mucho más largos y acababan en unas garras muy afiladas con las que retenían a sus presas. En ese instante dejé de leer y pensé en mis amigos, en como sujetaba a uno de ellos con su enorme garra. No ponía mucho más sobre la criatura, pero no tenía ninguna duda, era lo que yo había visto esa noche, por un momento fantasee en que yo vengaba a mis amigos, en que me armaba de valor y descubría la guarida y le daba muerte. Esa idea seguiría pasando por mi cabeza durante los siguientes días.
Mientras, en la televisión, todos los días daban la noticia de una o dos desapariciones de niños en los alrededores. Mi madre me prohibió salir, cuando acababa las clases iba directo a casa. Seguía dolido conmigo mismo por lo que había pasado, por los padres de mis amigos que aun albergaban esperanzas de que sus hijos siguiesen con vida en alguna parte y pronto regresasen a casa.
Ya había pasado casi una semana y
yo no había hecho nada, tampoco había hablado con nadie, cogí de
nuevo el libro escrito a mano y después de releer la escasa
información sobre la criatura, opté por leer el libro entero, en
cierta pagina encontré un trozo de papel doblado y amarillento por
el tiempo, al pasar de pagina cayó sobre mi regazo, lo desdoblé, la
letra era distinta a la que estaba en el libro, era una letra más
clara, más recta, la nota decía: “ Ya ha pasado casi un año de
la tragedia que asoló mi pueblo, nadie ha querido hablar nunca de
ella. Algo, algo oscuro decidió ocupar nuestro pequeño pueblo,
nadie supo de la existencia de la criatura hasta que fue demasiado
tarde.
Aquel ser que vivía bajo la tierra de nuestras casas, fue
infectando el agua, los animales, y toda la vegetación que
cultivábamos, la mayoría de las personas infectadas acababan
muriendo de una forma horrible, y cuando nos dimos cuenta, todos
aquellos cadáveres que habíamos enterrado, muertos por lo que
creíamos era un virus, desaparecían, las fosas se vaciaban, y
nosotros tomamos la peor decisión, por miedo a lo desconocido.
Decidimos quemar los cadáveres, cuando la criatura se quedó sin el
alimento emergió de la tierra. Era un ser de piel cuarteada, marrón
y del tamaño de una persona, pero sin pelo alguno en su cuerpo, sus
ojos parecían estar vacíos, sin globo ocular, su boca parecía una
abertura retorcida y sin dientes, los extremos de aquella boca
deforme llegaban a la altura en que nosotros tenemos las orejas, sus
brazos eran delgados, acabados en unas garras de tres dedos al igual
que sus piernas y tenía una protuberancia similar a una cola, pero
muy corta, por nariz solo tenía unos agujeros pequeños, apenas
visibles.Aquel ser empezó a deslizarse sigilosamente cada noche hasta una casa, mataba a todo aquel que se cruzase a su paso y lo succionaba, abría de tal forma su boca que parecía como si su cabeza quedase colgando, cogía el cadáver y lo engullía, era algo repulsivo de ver.
Pocos del pueblo sobrevivimos, intentamos darle caza sin éxito. Habíamos oído hablar de un tipo que quizá podía acabar con la vida de aquel ser.
Vino a nuestro pueblo, no consiguió matar a la bestia, esta huyó, no sin antes devorar a aquel tipo del que ni siquiera recuerdo ya su nombre, lo único que tengo de él es esta especie de diario, de bestiario. Y con esta nota dejo constancia de una nueva criatura que debe vagar por algún lugar haciendo estragos allá por donde pase. Mi consejo es que si por desgracia os encontráis con alguno de estos terribles seres, matadlos, no dudéis, por que si no lo hacéis, muchas más personas morirán”.
Aquello me había dejado sin aliento, era exactamente lo que estaba pasando, muchos niños estaban desapareciendo y no cabía duda de que aquella cosa, Shadgar, los estaba matando.
Decidí que por la mañana, aprovechando que era sábado, daría una vuelta por los lugares más apartados del parque. Armándome de valor cogí las cosas que creía más necesarias, una caja de cerillas un cuchillo de caza, una linterna por si decidía explorar algún lugar oscuro y lo metí todo en mi mochila. Me escabullí sin que mis padres se diesen cuenta. Volví de nuevo al parque donde había pasado todo, la mayoría de los niños habían desaparecido por esa zona. Había poca gente pero estaba tranquilo por que era de día y tenía suficiente tiempo antes de que oscureciese.
Me dirigí al rincón más alejado del parque, nadie solía ir por esa zona ya que cerca de allí parte de las aguas de las cloacas emanaban a un descampado abandonado, y no me equivoqué cuando pensé que quizá la criatura provenía de allí. Detrás de los arboles que separaban el parque del descampado, había una valla y en una zona de esta se encontraba un enorme agujero, la criatura pasaba por allí sin duda. Me metí por el agujero y salté un desnivel y caminé por el descampado, era un lugar enorme, apenas había vegetación por la contaminación del suelo, y enormes muros grises lo separaban de la vista de las calles. A medida que iba avanzando hacia el centro del descampado, la tierra se volvió húmeda y fangosa, me arrepentí de no haber cogido unas botas de agua, comenzaba a sentir como el agua estancada se filtraba por las zapatillas de tela a medida que mis pies se hundían en el barro, y por fin di con lo que estaba buscando, un enorme agujero en el suelo, como un túnel. Me acerqué, no se veía nada, estaba todo demasiado oscuro, saqué la linterna y dirigí la luz al interior del agujero, pero parecía ser largo y profundo, no alcanzaba a ver mas que un pedazo del túnel, me acerque un poco más al borde del enorme agujero, y la tierra enfangada cedió ante mi peso, resbalé y caí por el túnel, como si fuese un tobogán viscoso y oscuro, empecé a rodar cubriéndome por completo de tierra fangosa y maloliente. Por fin el túnel se convirtió en un camino recto y mi caída fue frenando hasta que por fin paré de rodar y quedé sentado, me puse en pie aliviado de no haber soltado linterna, el agua fangosa me llegaba a la altura de las rodillas, tenía frio, lo primero que hice fue comprobar el estado de mi mochila, estaban intactas, el agua no había conseguido traspasar la mochila. Intenté escalar por donde había caído pero me fue imposible, las paredes estaban demasiado húmedas y resbaladizas. Alumbré el camino con la linterna, se bifurcaba, tenía que encontrar una salida así que no me quedaba más remedio que probar con uno de los dos caminos, escogí el de la izquierda, la tenue luz de la linterna alumbraba mis pasos, cuando me di cuenta el camino por el que andaba se estaba estrechando, y el agua comenzaba a subir, pero no tenía más remedio que seguir caminando, estaba muy asustado y muerto de miedo, por mi mente no paraban de pasar imágenes oscuras y terroríficas, por fin empecé a ascender, lo que pisaba se había vuelto más firme, ahora el agua solo cubría mis pies. Seguí avanzando, la linterna no iluminaba mucho, pero yo poco a poco iba tranquilizándome, ya llevaba rato caminando por aquel lugar y nada había pasado, quizá yo estaba equivocado y aquel no era el lugar donde anidaba el Shadgar, por desgracia mis buenos pensamientos se esfumaron de un plumazo y fueron sustituidos por el terror cuando el haz de luz de la linterna alumbró una pila de cadáveres de niños, llenos de barro, los cuerpos estaban mutilados y abiertos desde el bajo vientre hasta el pecho y en su interior una membrana redondeada de color oscuro. Me acerqué un poco más y me quedé en completo silencio, temía que mi respiración o mis latidos sonasen por toda la caverna, alumbré los cadáveres y los miré fijamente, no me sorprendió ver que las membranas que habitaban en el interior de los cuerpos se movían. Si no destruía aquellas crías, las muertes cada año aumentarían, saqué el cuchillo de la mochila y me acerqué el olor era nauseabundo, hundí el cuchillo en una de las membranas, un liquido espeso saltó hacia mí cayendo en mi camiseta mientras un grito de aquella criatura resonó. Cuando todo estuvo en silencio comencé a oír algo, un chapoteo, como si alguien o algo se acercase desde el final del túnel, entonces lo comprendí, aquel grito había alarmado a la criatura, no me daba tiempo acabar con todas aquellas larvas, busque desesperadamente las cerillas en mi mochila prendí una, dos, tres... las fui lanzando a los cadáveres, por suerte aquello prendió enseguida, un sonido estridente comenzó a inundar el espacio de la caverna, los gritos de aquellas cosas muriendo abrasadas se clavaban en mis oídos, el ruido de chapoteos que venia del final del túnel se hacia cada vez mas presente, salí corriendo tan rápido como pude, sin esperar a ver que era lo que se acercaba, no me hacia falta quedarme a comprobarlo. Mientras corría intentaba distinguir el chapoteo de mis pies con los de la criatura para intentar calcular la ventaja que le llevaba, por un momento dejé de escuchar los chapoteos detrás mío, supuse que el Shadgar estaba comprobando el estado de sus crías, yo rezaba por que todas estuviesen muertas, aunque es algo que nunca pude confirmar. Ya casi había llegado al agujero por donde había caído, sabía que no podía salir por ahí, me seria imposible, así que seguí por el otro camino, volví a oír los chapoteos, la criatura de nuevo seguía persiguiéndome. tenía las esperanzas de que ella optara por subir a la superficie, pero no fue así, no estaba seguro de si se guiaba por su olfato o por los sonidos, pero no quise parar a averiguarlo. Noté que el camino empezaba a ascender, corría todo lo rápido que podía, la cabeza me palpitaba, el corazón estaba a punto de salirse por mi boca y sentía un cierto gusto a sangre en mi silaba, pero lo que me hacia correr de aquella manera, yo que nunca he sido muy rápido en las carreras del colegio, era el miedo que tenía a aquel ser. Sabía que cada vez estaba más cerca de mí, sentía sus garras hundirse en el fango con ese característico sonido que producían. Por fin comencé a ver la luz, una salida, me forcé a apretar el paso aun más, sentí algo que arañaba mi espalda, no quise girarme, sabía que la criatura había extendido una de sus garras y había rasgado la piel de mi espalda, sentía como la sangre que brotaba de las heridas recorría mi espalda, no sabía si era una herida muy profunda, pero el dolor era muy agudo, aunque me alegré por que al momento de haber sentido esas garras en mi piel, se escuchó un enorme ruido, la criatura había caído y eso me daba una cierta ventaja, estaba a punto de alcanzar la salida, solo tenía que escalar un pequeño desnivel. La tierra en esta parte no estaba tan fangosa, pude subir bastante rápido, y cuando por fin alcancé el borde y me arrastraba hacia el exterior algo agarró mi pierna derecha, sentí como mi hueso crujía y algo se clavaba en mi carne un poco más arriba de la rodilla, la criatura me había agarrado la pierna, no quería mirar, pero no tuve más remedio, necesitaba saber que opciones tenía de salir de allí con vida, giré la cabeza y por un instante me quedé viendo como la criatura tiraba de mí, pero no con una de sus garras si no con su boca, tenía las cuatro garras aferradas al suelo, los ojos completamente cerrados y sus dientes justo donde había sentido crujir el hueso. Mi pierna estaba metida en su boca, intentaba resistir los tirones que la criatura daba, seguía aferrado al borde de la salida, la luz entraba por el agujero y supuse que por eso el Shadgar no podía abrir los ojos, lo cual me alivió, no corría el riesgo de quedarme paralizado. Solo tenía una opción para sobrevivir, necesitaba sacrificar mi pierna para salvar la vida, el dolor era indescriptible, cerré los ojos, apreté los dientes y comencé a mover de un lado a otro mi pierna, la criatura estiraba más y mas de ella, hasta que por fin sucedió, la carne que la sostenía acabó desgarrándose, de la fuerza la criatura cayó hacia atrás llevándose consigo la pierna y yo aproveché esos segundos para impulsarme y salir al exterior, con un vistazo rápido supe que me encontraba en un descampado mucho más pequeño al otro lado del pueblo, me arrastré todo lo rápido que pude huyendo del agujero pero sin despegar mis ojos de él, pero de allí nada salió. Miré mi pierna, estaba perdiendo mucha sangre, quité mi cinturón e hice un torniquete improvisado y arrastrándome con mis ultimas fuerzas llegué a una carretera peatonal, ya estaba atardeciendo, mi esperanza era que pasase alguien por allí antes del anochecer, pero cedí al agotamiento, y no recuerdo que sucedió después.
Desperté dos días después en un hospital con mi madre al lado, me interrogaron sobre lo sucedido, lo único que se me ocurrió decir fue que un animal salvaje me había atacado, los médicos y policías presentes no quedaron muy convencidos de mi historia.
Poco después salí del hospital y comencé de nuevo con mi vida, eso sí, siempre atento a posibles sucesos en las noticias, siempre por las mismas fechas, cada año, pero nada sucedía, aquel año fue el ultimo en que las extrañas desapariciones hicieron presencia en el pueblo.
Quién sabe si esa criatura aún estará viva, si alguna de las crías que quemé aquel día se salvó o que pueblo estará atemorizando. Pero me siento orgulloso con lo que hice, creo que he enmendado el error que cometí al abandonar a mis amigos, aunque todavía por las noches me asaltan las pesadillas y al despertar el olor nauseabundo me acompaña durante un buen rato.

No hay comentarios:
Publicar un comentario