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domingo, 19 de abril de 2015

ROSE



Hay veces que la oscuridad decide anidar en nuestro interior y por más que intentas expulsarla no puedes, comienza a formar parte de ti, te hace cambiar hasta tal punto que ni siquiera tu mismo puedes reconocerte.
Yo vivía en el numero 6 de la calle Cervantes, tendría unos 12 años cuando conocí a Rose, aquella niña tan risueña de cabellos negros que acababa de mudarse a la casa de enfrente.
Eramos casi de la misma edad, ella algo más joven creo recordar, congeniamos enseguida.
Solíamos jugar al escondite en su enorme jardín, yo no tenia muchos amigos por aquella época, era una persona algo solitaria, pero Rose supo como acercarse a mí, nunca he visto una persona tan positiva y alegre como aquella niña risueña.
Al poco de mudarse, Rose celebró su fiesta de cumpleaños, yo tenia dudas de si ir, me daba miedo el estar con tantas personas desconocidas, ¿y si no les caía bien?, ¿y si me apartaban? Pero me decidí a ir... para mi sorpresa los asistentes fueron los padres de Rose y ella unicamente, a pesar de ello la niña no parecía nada triste, yo le regalé uno de mis walkie talkie, y a partir de esa noche y durante todas las demás siempre, desde nuestras respectivas habitaciones, conversábamos largo rato hasta que el sueño nos vencía.
Por desgracia el padre de Rose enfermó, le diagnosticaron pocos meses de vida, la enfermedad acabó postrandole en cama, su mujer cayó en una profunda depresión, lo atendía día y noche, las ojeras, la delgadez, la palidez...hicieron mella en ella...
Rose leía libros para su padre e intentaba hacer reír a su madre, pero el dolor de él era tan agudo, que con la medicación pasaba la mayor parte del día sedado, y a su madre ya no le quedaban fuerzas para sonreír.
Nuestras quedadas fueron desapareciendo al igual que nuestros juegos, Rose ya no sentía ánimos por jugar conmigo, aún añoro esas tardes jugando al escondite, aun así ella hacia un esfuerzo por sonreír.
Lo que me consolaba de todo aquello es que aun conservábamos aquellas charlas nocturnas, aunque más apagadas y cortas que al principio.
Dos meses más tarde del diagnostico de los médicos Rose empezó a contarme cosas extrañas, no las recuerdo todas, solo algunas, decía que se sentía mal por no poder ayudar a sus padres, decía que se sentía sola, fría, oscura...
yo era demasiado joven para comprender, solo intentaba animarla, pero sin mucho éxito.
Aquella fatídica noche Rose contactó conmigo por walkie talkie, parecía emocionada, recuerdo que me incorporé en la cama frotándome los ojos, pues ya llevaba rato en el mundo de los sueños, nunca olvidaré esa corta conversación, la ultima que tuve con ella. Exaltada me contó que había encontrado la solución, que sabia como hacer que sus padres dejasen de sufrir, me dijo que la oscuridad que dormía en su interior le había dado la solución y que tenia que verme. Yo no entendí muy bien aquellas palabras, pero me puse las zapatillas y fui hasta su jardín, en cuanto me vio, salió corriendo del porche a encontrarse conmigo, yo me quedé inmóvil, helado, el rostro de Rose y su pijama de felpa estaban cubiertos de sangre, en su mano sostenía un gran cuchillo de cocina, retrocedí dos pasos espantado y mis únicas palabras fueron “¿que has hecho?” Rose sonrió y me dijo que había hecho que sus padres dejasen de sufrir y que nosotros teníamos que hacer lo mismo para ser felices, para que la tristeza o el dolor nunca nos alcanzase, yo no podía dejar de mirar ese rostro pálido cubierto de sangre y esa sonrisa en su boca.
Rose extendió su mano y agarró mi muñeca suavemente, noté la humedad de la sangre y mi única respuesta fue “NO” mientras la empujaba y veía como caía en el césped... nuestras miradas se sostuvieron apenas unos segundos, Rose ya no sonreía, yo volví corriendo a mi casa y me lavé la sangre de la muñeca, estaba horrorizado, me metí en la cama y me tapé hasta la cabeza sin poder conciliar el sueño.
A la mañana siguiente la policía encontró los cadáveres del matrimonio degollados en sus respectivas camas y a Rose tendida en el jardín, se había degollado a si misma.

Ya han pasado muchos años desde aquel suceso, pero aun hoy cuando me asomo a la ventana, puedo ver a Rose, mirándome, desde la ventana de su habitación, tan seria como el día en que la empujé y la abandoné, pero no tengo miedo, sé que no esta enfadada conmigo, echamos de menos nuestros juegos y conversaciones, aunque todas las noches el walkie talkie, que aun conservo junto a mi cama, se enciende y unos extraños sonidos salen de él, sé que es Rose dándome las buenas noches.

50 SOMBRAS DE CRISTINA - capitulo 1



Mi nombre es Jhon, tengo 23 años, vivo en un piso de estudiantes, por la noche trabajo de camarero en el bar de la esquina, por el día estudio para sacarme la carrera de economía, comparto piso con mi mejor amigo, Max, él lo tiene todo el cabrón, guapo, alto, rubio, ojos claros, deportista, facilidad con los idiomas, los estudios y sobre todo con las tías, a veces lo mataría, encima me ha endorsado una de sus tareas periodísticas por que mañana ha quedado con una tía y, ¿Cómo iba a negarme? Me ha dicho que me pagará algo, voy muy mal de pasta este mes, así que mañana me toca coger carretera hasta el centro y entrevistar a la hija de no se que empresario multimillonario, menos mal que se a dignado a dejarme las preguntas que debo hacerle por que yo de esto no tengo ni idea...

Martes 4

Después de casi media hora dando vueltas con el coche he conseguido aparcar, esto es un infierno.
Al entrar a éste edificio me he quedado pasmado todo es tan pulcro en tonos blancos y metalizados, joder y yo que me he puesto lo primero decente que he pillado... está claro que desentono.
Me acerco al recepcionista un tío muy atractivo con pelo negro y unos ojos verdes que harían caer a una mujer a sus pies.
-Hola vengo ha hacer una entrevista a la señorita Cristina- joder este tío me está mirando de arriba a abajo como si yo perteneciese a otro planeta.
-Si caballero, coja el ascensor y suba a la planta 8.
Odio estos ascensores con ese hilillo musical, me ponen de los nervios, por fin planta 8, y como no otro recepcionista morenazo de ojos verdes, ¿Casualidad?
-Hola tengo cita para una entrevista con la señorita Cristina-Otro que me mira de arriba a abajo...
-Si, en unos minutos estará con usted, ¿Quiere un poco de agua?
-Si, está bien.
Al poco aparece otro morenazo de ojos verdes que ha salido de la nada y me trae un vaso de agua...
-Gracias- desde luego desencajo totalmente.
Por fin se abre la puerta del despacho y sale un hombre.
-Ya puede pasar- me dice el recepcionista.
Entro y no se con que tropiezo pero me caigo de bruces y todos los papeles desparramados ante mí. Se me acercan dos tacones de aguja negros y voy levantando la mirada recorriendo unas piernas preciosas...
-¿Está usted bien, señor Max?
-Si si, disculpe, soy muy patoso, yo no soy Max, verá vengo de parte suya, es que él no ha podido, y me ha pedido que yo venga en su lugar, y...
-Está bien, pues si no le importa comencemos, hoy tengo algo de prisa.
-Si, claro- me siento en un sofá frente a ella, dios es una de las tías más guapas que he visto nunca, piernas largas, pecho impresionante, un pelo ondulado y negro que cae sobre sus hombros y unos ojos azules tan intensos que me da miedo sostenerle la mirada...
-Cuando quiera, señor...
-Ah si me llamo Jhon, si bueno a ver tengo aquí las preguntas... ¿A que se debe el enorme éxito de las empresas que ha heredado de su padre?
-Verá mi padre convirtió un pequeño negocio familiar en lo que ahora son más de 30 empresas, simplemente dando a la gente lo que necesita a un precio módico.
-Bien.. a ver.. si, usted tiene dos hermanos, ¿Por qué su padre decidió dejarle al cargo de las empresas a usted en vez de a otro?- coño menuda pregunta...
-Vera mis hermanos no estaban de acuerdo con heredar las empresas, en cambio a mí me fascina este mundo, el tenerlo todo bajo control...¿Siguiente pregunta?
-No se ha conocido que a sus 28 años tenga usted pareja ¿Es usted lesbiana?- me cago en la puta ¿Pero a quien se le ocurre preguntarle algo así a una tía?, joder como me ha mirado poco le falta para echarme a patadas de aquí...
-Bueno es una pregunta un tanto rara... pero no no lo soy. ¿Y usted?
-¿Cómo?
-¿Usted es gay?
-No no a mi me gustan las mujeres... lo que pasa es que se me da muy mal tratar con ellas...
-Entiendo...
-Bueno yo creo que es suficiente...- no pienso hacer ni una pregunta más que se las apañe con esto como pueda.
-¿Seguro que no quiere preguntar nada más?
-No, tampoco quiero hacerla perder tiempo- dios quiero escapar de aquí me siento muy abochornado.
-Bien deje que le acompañe al ascensor.
Salimos los dos juntos del despacho... y otra vez los ojos verdes que se posan en mí
-¿No le gustaría trabajar como becario aquí?
Me ha dejado de piedra... menuda proposición...
-No creo que yo encaje muy bien aquí la verdad.
-Bueno piénselo, que tenga un buen día.
Me meto corriendo al ascensor, y salgo casi sin aliento a la calle, no consigo quitarme esos ojos azules de la cabeza, ni esa voz tan sensual... de todas formas ya no tendré que volver a verla, esa mujer me intimida...
Por fin en casa, menudo viajecito en coche, Max está en casa, me da miedo abrir su habitación, no se si tiene compañía, mejor le dejo los papeles encima de la mesa y ya mañana que se apañe él, encima llego tarde al trabajo que mierda.